miércoles, 27 de julio de 2011

Oliverio y Ana


Lamía el pedestal con los mismos nudos de siempre. Él sólo producía gemidos y contracciones de excitación. El péndulo giró en torno a sus labios.
La calesita giraba dentro de su garganta hasta ahorcarla.
Abrió las piernas y comenzó a devorar su sexo sediento. La dama que poco sabe de silencios, interrumpió la mirada con la lengua, mordiendo los labios de su hombre. El pudor de las piernas lo atraían como imán. Lejos e inmóvil lo atrapaba.
La rosa paciencia ardiendo en tempestades.
Es el morbo lo que da aliento a sus miradas. El morbo oscuro de lamerse mutuamente sobre sí mismos hasta bifurcarse.
- Que se pegue mi lengua en tu cuerpo pero para siempre! gritó Oliverio rendido.
- Ningún espasmo es para siempre, a menos que los dos sepamos volar, retrucó Ana.
La cama nublada, las sábanas enfermas de fluidos y sudores, la poca luz que entraba por la ventana los encontró desnudos y entrelazados.
Una gota de amor los invadió repentinamente, pero sólo Oliverio sabía cuan duras eran las dagas del adiós en cualquier despedida.

Texto inspirado en el amor, pero también en la película El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela. La foto que acompaña es una captura del film.

No se me importa un pito que las mujeres...

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.

Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.


[Y alguna vez leí de tus labios este poema, sin entenderlo hasta recién]

martes, 26 de julio de 2011

Creer para amar


Sin la fe en la capacidad amatoria el milagro no sucede. Se necesita una pizca importante de fe en el amor para poder terminar la trilogía de la creencia.
Creer en el amor hasta suena antagónico, platónico y extremadamente lejano, pero los que aún piensan que la fe mueve montañas (o amores) lo saben. Lo entienden también los que tienen hijos, los que desean tenerlos y los que miran como niños a sus propios hijos. También saben de esta creencia las hadas madrinas, los verdaderos amigos que escuchan atentos el relato de los deseos y hasta las palomas mensajeras que llevan y traen mensajes de amor por todos lados.
También creen en el amor los vendedores que especialmente aparecen sonrientes en "San Valentín", los investigadores privados y hasta las putas que creen también en el bendito amor.
Pero, aunque parezca común, es casi la tarea mas difícil de los enamorados o mejor dicho los que aman. Siempre se está a un paso del miedo, la desesperación, la locura o lo que es peor: Desistir para siempre de creer.

lunes, 25 de julio de 2011

Creer para sentir


Sin esperanza en los sentimientos no hay acción. Lo saben las mujeres que intentan luchar a diario contra el inevitable (por momentos) engaño de sus maridos. O lo saben las amantes que apuestan su piel por una gota de amor más.
Confiar los sentimientos a sentimientos ajenos para tener la lucidez necesaria de seguir adelante con el juego al que apostamos, confiar aunque sea en vano, en cada palabra y gesto de amor del otro para apoyarnos en el pedestal sin caer.
Esperanza en el sentimiento. Acción.
Acción feliz o lamentable, pero acción al fin.

Creer para hacer


Y creer irremediablemente que todo llegará a buen destino.
Tener esta creencia en cualquier orden de la vida y suponer que en el amor las ventajas serán nulas.
Sostener con firmeza que es posible y necesario pensar en positivo, aunque por lo bajo, lluevan monedas de frialdad y malos deseos.
No creer en la mala energía, ni en el karma ni en la envidia, pero saber que existen y más cerca de lo que parece...
Elogiar la duda, sembrar buenas cosechas y no depender de nadie, más que de mí.
Creer, irremediablemente creer que todo llegará a buen destino.
Saber que las ventajas en el amor siempre serán pocas y que en todo orden de la vida soñaré con los ojos abiertos en este momento.

martes, 19 de julio de 2011

lunes, 18 de julio de 2011

Atemporal


Quizás entré, por abrir la puerta que tanto necesitabas ver.
Lo confuso de tu sombra en la pared y lo terrible de mis manos atadas, hoy evade el beso que compartimos.
No creo en las sogas pasajeras, ni en los tontos "por siempre"...Creo solamente en la bella sonrisa de tus ojos y en los placeres que no dañan el equipaje a cuestas.

sábado, 16 de julio de 2011

Involucrarnos

El voto de ese 47 por ciento, de la sociedad argentina que votó a Macri en las elecciones de Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, me hizo pensar.
Toda la semana, estuve tratando de encontrar palabras que me traduzcan el momento histórico que atravesamos como país y como ciudadanos. Sin más preámbulos, creo que es momento de salir de la cómoda individualidad e involucrarse, quizás no con todo, pero con algo. Involucrarnos por completo en algo en que creamos propio, válido, justo y necesario. Defender nuestra bandera: sucia, ultrajada, triste pero NUESTRA.
Salir a pelear por algo, responderle a la quimera del tiempo, soñar con los ojos abiertos que algo mejor es posible y hacerlo.
Despertarnos.
Salir del taper.
Abrir las ventanas y poner luz.
Reivindicar al poeta William Blake que escribió "Si las puertas de la percepción, fueran depuradas, todo aparecería al hombre tal cual es: infinito". Esta frase dejó pensando a Jim Morrison, cantante de The Doors, y después vinieron los dicos y canciones que abrieron algo más que puertas...



En este video, Morrison y Cía diciendo "People are strange"

lunes, 11 de julio de 2011

Sueños equivocados en la última guerra




El caos de las almas bajó hasta el cielo. Allí estaba Alicia, intentando sonreír en paz.
No dejó que sus sueños se rompan, aún había lugar para una quimera.
Dejó los ojos de Andrés aturdidos, esperó- una vez más- morder el cáliz del perdón del suelo, pero nada fue útil. Se rompieron los diamantes, se rompió el sueño que parecía no quebrarse jamás.
Alicia estaba encerrada en su miseria, con lágrimas negras de amor y odio.
Subía al cielo para morder el polvo del adiós. Subía, pero bajaba mil escalones en un segundo.
La depresión no cesaba, los ojos se lastimaban, las manos sabían que iban a caer.
Alicia, se alejó de la puerta para siempre, quizás, esperando volver.
Permaneció dura y quita. Trémula, ausente y febril.
Se fue para irse del todo, de una vez y para siempre esta vez.

Fecha: 05/07/2011

viernes, 8 de julio de 2011

Belle Époque


Después de ver la última película de Woody Allen, "Medianoche en París" y de leer anoche algunas breves biografías de Pizarnik, Ocampo y Girondo (entre otros), compruebo con una extraña seguridad que nací en la época equivocada.
Pensando en esto, me iría a los años 20 y también sería mi historia en París. Quisiera haber conocido a aquellos que hoy leo, pero, sólo un rato, como en la película de Allen.
Entiendo que el hoy es hoy y eso busco, pero también me gusta pensar y saber que toda la cosecha, ha dado sus frutos.
El presente que es ahora, me incita a salir corriendo de este trabajo minado de frivolidades, quizás para meterme en otras, o quizás solo alejarme. Ansío libertad.
Tener las horas, todas las horas para mí y para mis deseos.
Esta semana dos, en también dos pocas palabras lo expresaron y hacia ese camino voy, sin mas dudas ni preámbulos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Desencuentro.


El tiempo nos llevó a desencontrarnos.
Alguna vez, creo que supimos atascar las miradas sólo desde el interior.
Hoy creo que la distancia, el pasado, nuestro presente sin nosotros y la absurda deuda de vidas lejanas- o quién sabe que- nos aleja y nos corroe.
Supimos ser semilla de nuevo encuentro, manantial aún cuando no había más ríos que morder y sobre todo brisa de cálido verano entre las olas de la costanera y por algún torrente de espinas extraño, quizás acumulado hoy sin red, somos sal sin decantar. La escoria de las migas, el pan verde de tanto esperar.
Anochece y el sol quieto espera volver.
Adiós corazón de ojos café y música irremediablemente popular.
Se oyen desde lejos las campanas de las 12 madrugadas sin tu amor.

sábado, 2 de julio de 2011

Espinas



Dejaste agotadas las llamadas
en tu cuarto no lloró la bendición
los impulsos del cuerpo se colmaron
de la estúpida bala en tu corazón.

No quisiste venir y abrazarme
sólo un beso te pedí, por favor.
La noche tibia salió a arrastrarme
y los cristales de mis ojos se apagaron, por rencor.

No duelen las espinas en mi espalda
me supe salar las heridas sin tu amor
No duelen las espinas en mi espalda
el viento sólo sopla a mi favor.

Escuche por ahí que estás solo y perdido
que ni la brisa de la noche te acompaña
estás como cuando te pedí que resucites
pero aún en ese tiempo querías vender tu alma

No duelen las espinas en mi espalda
me supe salar las heridas sin tu amor
No duelen las espinas en mi espalda
el viento sólo sopla a mi favor.