viernes, 17 de noviembre de 2017

jueves, 2 de noviembre de 2017

El cielo de los pájaros




El cielo me mira
y yo
(tímidamente)
me miro en él.

¿Qué sería del cielo, sin los pájaros?

Hay cosas que no se buscan
y por no buscarlas
es que se van encontrando
a todas
a cada una
despacio.


No hay más prisa que el tiempo.

lunes, 30 de octubre de 2017

Un nombre en el cuello


Una tormenta pasa
                                y
                                    sobrepasa cualquier desierto.

Asciende un nombre por el techo
y se instala en mi cabeza, como si ese fuera el único lugar donde alojarse.

El nombre se desliza por las paredes
suave, se arrastra
                            se ablanda
                                             resplandece.

Dobla por la abertura de la puerta del living
y llega hasta la mesa,
toma el libro que estoy leyendo
lo quita de mis manos
y se trepa hasta mi hombro.

Allí, el nombre posa en mi hombro,
sube hasta mi cuello,
                                arremete
trepa con sopapas invisibles
y se anuncia de inmediato en mis labios
                           
                                                se detiene
                                                me succiona
mancha mis labios de rojo y asciende
trepa por mis ojos
los envenena,
los asfixia,
los arrastra,
los comprime.

Asciende un nombre por mi cerebro
se eleva
            permanece
se instalala en mi cabeza
y late con la misma fuerza con la que laten las nubes de la tormenta que volvió a comenzar.



jueves, 12 de octubre de 2017

Sin reino

Me enamoré
de un Dios
que no tiene reino.

Tira botellas al mar,
escupe en arameo,
toca la trompeta,
le hace una trenza a su hija,
cocina para mí.

Su vigilia se reduce a un libro,
a veces una película
con el gato negro ovillado en su estómago
o
a veces una canción,
que se escucha sin parar
y lo lleva al piano, a tocar.
o
una pasta de miel y nueces
que llega a mis manos
en forma de tostada.

Todo es amor.
Todas esas son demostraciones de amor.

Su cuerpo descansa
entre lino blanco y algodón gris,
alargado está sobre el colchón,
huele a arándanos y vainilla,
respira fresias y caramelos,
y yo, enmudecida,
lo miro como si no hubiera mañana.

Disfraz (poesía)


Cada paso me cuesta un abismo,
y en cada paso me atraganto en deseo,
de ganas.

Incompleta por momentos,
                        insatisfecha,
abrumada
              y en otros momentos,
                       sonriente y feliz,
alegre, optimista,
como si nunca me hubiera dolido nada.

Cada paso me cuesta un abismo,
y aunque intento, no puedo encontrarme.
No sé si estoy, si quiera.
No sé si existo.

Y otras veces
me resulta imposible
creer lo que vivo.

Y el color que sobrevuela es tan gris,
que ya no sé como elijo mi propio disfraz
                                                                   para ser la que quiero ser,
                                                                                                            sin mirar atrás.


martes, 26 de septiembre de 2017

Un clavo pasajero (Fragmento)







Un plácido domingo en mi inconsciente. Federico está sentado en el sillón o más bien tendido, como si fuera una remera apoyada en la tabla de planchar. Su cuerpo es una subasta de veranos pasados. Atiende el teléfono que suena a cada rato. Putea. Mueve la cabeza. Anota. Se inyecta de una rabia pasajera que tiene que ver más con su ego que con la supuesta angustia de ser tan solicitado. "Tengo otra entrevista hoy", dice como quién no quiere la cosa. Antes me preocupanba por saber detalles. Casi siempre eran chicas de mi edad, estudiantes de cualquier carrera de letras o psicología, interesadas hasta la médula en la obra de Federico y en él, claro. Cada vez que me veían en casa mientras lo entrevistaban, decían "ay, que afortunada que debe ser tu mujer, estar con un hombre así" ¿Qué responder? sólo sonreír. A veces me acercaba a él y le partía la boca de un beso: a Fede le encantaba, yo me quedaba contenta y la chica en cuestión moría de envidia, por supuesto. Antes me preocupaba porque temía que fuera a engañarme con alguna o que se encantara con alguna chica, pendeja como yo. Ahora, por momentos, pienso que eso sería lo mejor, que llegue otra pendeja que saque a la pendeja, el famoso clavo que saca otro clavo. Luego vuelvo en mí y sé que todo es pasajero, que verlo tendido en el sillón es pasajero, que la euforia por el libro es pasajera y que, cuando todo haya pasado y todo haya dejado de temblar, podremos volver a ser uno.


Fragmento de "El escritor inalcanzable"

viernes, 22 de septiembre de 2017

Crónicas de viaje | Berlín | Molecule man




Cuando llegamos a Berlín una de las cosas que no quería perderme era ver en vivo lo que está en la foto. Se trata del "Molecule Man", una escultura alojada en medio del Spree, a orillas del Elsenbrucke y a la sombra de la torre Alliance. En ese punto se unen los barrios Friedrichshain, Kreuzberg y Treptow. Para el escultor estadounidense Jonathan Borofsky, estas tres figuras unidas en el centro no solo se refieren a todas las moléculas de los humanos unificándose en una, en la cual el agua y el viento también son partícipes; sino en el caso de Berlín también simboliza la unión entre el Este y el Oeste. Yo no sabía todo esto cuando, de casualidad y googlendo para encontrar una imágen para un texto de este blog, (y años antes del viaje) encontré unas fotos de esta escultura y quedé hipnotizada. Esta obra de 30 metros de altura y 45 toneladas de peso engloba muchas cosas para mí. Entre las cosas más fuerte que me pasan, me resulta interesante notar cómo un elemento tan firme, de un acero duro y rígido adquiere una sensibilidad extra que la hace mutar de sentidos y significancias. Cómo se entrelazan los puntos que unen y nos unen a unas y otras personas y, sobre todo el contraste de notar que en ese concepto también hay encerrado algo de la esencia de Berlín.

viernes, 15 de septiembre de 2017

El escritor inalcanzable, fragmento



Estoy enamorada de una sombra, o de un recuerdo. Hace semanas que Federico dejó de hablar y sólo se limita a balbuceos monocromáticos de "no", "sí", "tomemos café". Su cuerpo y su mente están absorbidas por el trabajo de su próxima novela, sus hijos, sus ex mujeres. La última de la cadena soy yo, la pequeña novedad, la que —cada tanto— lo expulsa del universo de la escritura. Soy yo, entonces, con la que puede salir a la noche, a quién puede besar y acariciar, a quién le dedica una canción en el piano o a quién le lee algún cuento de Carver, Bolaño o Pessoa. ¿Y qué hago yo cuando no puedo hablar?... escribo. Como si estar viva no fuera suficiente, escribo. Como si la escritura de Federico no fuera suficiente, escribo. Pero mi escritura tiene que ver con miserias propias y mi mundo interno. Con el pequeño infierno que se desata en mí con la mínima indiferencia. Con el desamparo. Con los miedos. Con la culpa. Con el placer y el deseo irrefrenable de, todo el tiempo, necesitar placer. Escribir me da el manto de piedad que necesito para mí misma: ya no sé exorcizar mis fantasmas de otra forma. Y ahora, con Federico, aprendí a escribirme a mí misma también. 

Nos sirvo más café, le beso el cuello y me hundo en el papel como si fuera la última cosa que existiera en el planeta.

Fragmento de "El escritor inalcanzable", novela en curso.

martes, 12 de septiembre de 2017

viernes, 8 de septiembre de 2017

Latin Geisha



Soñé que era japonesa
y tenía un kimono violeta, encantador, 
con flores delicadas 
abrazándome.

Tenía, otra vez, el pelo negro azabache y largo
los labios pálidos y mate rojo,
unas pequeñas sandalias, de un dorado sutil,
tomaba té en una taza con un fragmento de una historia de guerreros samurai
mientras bebía contemplaba un sakura, el cerezo más perfumado que olí jamás
Mi andar era distinto
y mis ojos se detenían más en los detalles
tenía una paz envidiable,
los ojos occidentales
y unas garras de leona salvaje

Soñé que era japonesa y,
hoy cuando desperté,
lo seguí siendo.


martes, 5 de septiembre de 2017

Amor japonés, toma 2



La ilustración es de Ikenaga Yasunariy, un artista japonés nacido en 1965. Investigando sobre él encuentro una nota del portal Cool Japan donde le preguntan: ¿Cuál es la peculiaridad en la belleza de las mujeres japonesas?, la respuesta es hermosa y la ilustración me tiene enamorada:
"YI: Ahora tengo cincuenta años. Ya no me atrevo a acercarme a las mujeres a ciegas ni de manera irresponsable. Las mujeres son como una fuente, hacen surgir el agua con tranquilidad en el fondo de la espesura. Al adentrarme en esta maleza y mirar en la fuente, veo reflejada mi figura, un pintor miserable en el comienzo de la vejez. Si toco su superficie con un dedo, las ondas que produce el agua en círculos concéntricos hacen mi figura miserable todavía más fea. Sin embargo, no puedo evitar besar la superficie del agua y continuar bebiendo de ella. Las mujeres son como una fuente, una fuente que contiene crueldad. Los párpados y los labios mojados con abundante humedad, y el negro pelo negro enredándose en su curvado cuerpo. Su comportamiento es como si fuera un silencioso y ligero oleaje. Siento que las mujeres japonesas poseen una hermosura que se puede asemejar a una fuente"

Sin saber de vos





Dedicado a Santiago Maldonado




¿Dónde estás?
algo tan simple,
pero hoy
es una pregunta que duele.
Es una botella en el mar, arrojada a la suerte de un río tempestuoso,
anclada en el recuerdo y en el instante,
en el sonido y el aroma
del segundo previo
a la última vez que nos miramos.

¿Dónde estás? Y es tan simple preguntarlo
pero tan doloroso no saber, cuando no hay respuesta.
Sin saber de vos, otro día más
y el mundo se vuelve tan opaco, tan oscuro
tan doloroso como triste
tan punzante, tan profundo,
tan lleno de miedo que el dolor atraviesa la garganta al gritarlo: 
¿DÓNDE ESTÁS,
SANTIAGO MALDONADO?
¿DÓNDE?

y el silencio destruye todas las sonrisas.

y si Santiago estuviera,
seguro él también se preguntaría
¿A dónde fuiste?
¿Quién te llevó?
O, simplemente gritaría,
como vos, como yo,
¿dónde estás?
si alguna vez te llevan,
si alguna vez te desaparecen
él también preguntará por vos
y yo también.

Poesía escrita por Angie Pagnotta, a raiz de una convocatoria de Giselle Aronson, para pegar poesías y textos por las calles de Buenos Aires, el 01/09/2017

martes, 29 de agosto de 2017

Los infortunados (instrucciones para olvidar aquello que no quiere recordar)

*


Las pocas veces que algún rincón pequeño de mi corazón extraña cosas, gente o lugares que ya no existen, un buen truco es recordar ese pequeño momento de la vida en el que creía que eso (inserte lo que extraña, aquí) era impoluto. Verá que lo que ocurre es que una pequeña sonrisa se asoma. Acá viene el pero, ese enorme pero que ocurre siempre porque notará que la sonrisa dura poco, muy poco. Verá, le explico mejor: ocurre que casi siempre hay un balde de agua fría y ese balde viene en forma de recuerdo y es allí donde podrá ver todo lo demás: aquello por lo que padeció, aquello por lo que se angustió, aquello que lo/la lastimó y, entonces, pierde vitalidad ese impulso de extrañar. Algo importante: en este manual no nos refermimos a extrañar personas, lugares o situaciones que hicieron bien (esos rincones siempre sucsitan los mejores pensamientos y sonrisas) Hablo de los otros, los infortunados. Si alguna vez se pudiera volver el tiempo atrás, digamé si no le gustaría regresar con el corazón puesto allí pero también con los ojos atentos, ¿no le parece? Así muchas de las cosas osucuras que pasaron hace unos años, no hubieran pasado ¿Se da cuenta? Pero como sabiamente me repite alguien muy cercano, tal vez la persona más importante de mi vida: "todo lo ocurrido nos hizo llegar hasta acá por algo". Le presto la frase, quedeselá, sienta esa sensación; quedesé con el irrefutable hecho de que ahora todo es mejor y mirará hacia atrás con otra sonrisa, una superadora, una mucho mejor.
Confiar y volver a confiar será la tarea más difícil pero por suerte todo tiempo pasado no fue mejor. Si alguna vez lo traicionaron, perdone. Si alguna vez lo lastimaron, perdone. Si alguna vez le mintieron, perdone y sólo así podrá perdonar su herida, la que usted mismo se hizo, sin saber lo que estaba haciendo.

lunes, 14 de agosto de 2017

lunes, 17 de julio de 2017

Sueño de ayer, domingo 16 de julio: ola polar y cucarachas.





Soñé que me encontraba con Sole, una amiga, en una peluquería de Belgrano. Mientras esperábamos a ser atendidas y charlábamos de cualquier cosa, mi amiga se va al baño. En ese momento, entra un chico de ojos claros, rubio y se me sienta al lado. Él no me interesó pero sí me interesó el sobre que asomaba en su bolso y decía "Martín Sancia Kawamichi" y una dirección. ¿Martín te envío un libro o vos le enviás uno a él?, pregunté sin preambulos. El chico me explicó que Martín le había enviado un manuscrito y su novela "Shunga". Ah, te va a encantar, le dije. Le comenté que yo también escribía y tenía un libro de cuentos. El chico me dijo "sí, ya sé, sos Angie Pagnotta" ¿Y vos cómo sabés?, le pregunté. "Por que te sigo en Twitter y en Instagram, en FB no me aceptaste. Soy editor". Entonces le expliqué lo que en la vida real también ocurre: reviso las solicitudes de amistad porque no me gusta tener giles o gilas, entonces me tomo tiempo y ese tiempo a veces puede ser muy largo, porque me olvido de hacerlo. "sí, no importa, igual te leo en tu blog" Me quedé mirándolo raro ¿quién es este seudo Brad Pitt? (no me gustan los rubios ni de ojos claros, entonces lo miraba con esos ojos, tratándo de descifrar de dónde era). Sole vuelve del baño y me dice que el libro le gustó mucho, que por fin nos vemos para que me lo pueda contar bien. Entonces de su cartera saca mi libro que era todo igual, pero en vez de la tapa que tiene actualmente, tenía un stencill de Bansky. En el sueño no sabía por qué tenía esa tapa ¿será una nueva edición?¿se habrá agotado finalmente la primera?, pensaba. Entonces me explica que según le parecía, los cuentos tenían un hilo entre sí y que ella los había ordenado de otra forma para comprobarlo. Sole me decía que en esa forma encontró una historia distinta que los enlazaba y estaba explicándome eso cuando el chico Brad me preguntó si tenía uno, que él también quería leerlo. Revuelvo la cartera, saco uno (también con ese stencil en la tapa) pero al abrirlo me doy cuenta que estaba como "intervenido", con dibujos, con fotos, con anotaciones en los márgenes. La idea me confundía bastante. Salí a la calle fumar un cigarrillo (en mis sueños puedo fumar) y de pronto veía como la policía quería desalojar a un chino verdulero, lo acusaban de estar ilegal en la casa y en el país. Muchas cajas de fruta estaban apiladas en la calle y también había mucho verde, mucha perejil y tomillo. Entre las cajas también brotaban choclos que se veían en perfecto estado. Entonces pensaba que tenía que rescatar esos choclos y regalarlos o hacer una sopa para salir a repartir comida. Cuando estoy por acercarme a ver mejor las cajas, brotan cucarachas y me voy corriendo hasta que llego a la esquina y me encuentro con Sole y Mariana, las editoras de Peces de Ciudad. Entonces les pregunto por qué hay un stencill y todo eso en el libro. Me miran sorprendidas y me dicen "por ser quinta edición elegimos cambiarlo un poco ¿no te acordás?". Apagué el cigarrillo, les di un beso en la mejilla y salí corriendo. Aún tenía la bata de la peluquería.