miércoles, 30 de marzo de 2011

Soñar que no te has ido


Hay hombres a los que volvería mil veces.
Hombres que pasaron por mi vida y fueron nichos de tormentas y sol.
Hombres que marcaron con su fuego sagrado, un altar de sonrisas.
Me debo un café, una cerveza, una cama y hasta el placard con algunos.
Soñar con aquel hombre de cintas plateadas en el pelo, el de los ojos profundos y mirada penetrante o con el mítico cantante de moda que prometió canciones y luego sonaban en todas las radios sin poder evitar recordar su voz, o incluso con el endiablado niño que me atrapó con su fuego interno y su energía sideral hasta abrirnos para no desteñir más un amor imposible.
Y nada tiene que ver con el deseo actual, sino con ver lo impostergable de algunas viejas/nuevas sensaciones.
No en vano, vivo soñando esos encuentros y volviendo quizás a las raíces de viejas odiseas.
En cierta medida siempre hay un retorno constante al pasado, no en símbolo de melancolía sino en símbolo de entendimiento y paz.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Sala de espera


Ella sentada. Él de pie.
Ella soñando. Él despierto.
Ella muda. Él esperando arder.

Silencios.
Besos.
Suspiros.

Él esperando. Ella impaciente.
Él extrañando. Ella ya olvidó.
Él sin energías. Ella vital.

Suspiros.

lunes, 14 de marzo de 2011

Libertango


No es para nada fácil vivir suponiendo.
Creer que el otro tiene la razón, ni adjudicarnos victorias al azar, sólo por que si.
Es fácil en cambio ver en otros la avaricia y la inequidad propia de los que castigan el alma con zapatos y camisas de todos los colores.
¿Está dentro del común de la gente enmudecer? ¿Habrá que abrirle los ojos a medio mundo para despertar? ¿Tendré que ser yo la que intente sacar adelante el desierto de gente que me acompaña?
Y querer siempre, todo el tiempo, llegar hasta la flor, olerla y dejarla ir.
Y esperar que la flor vuelva a mí y ya no tener olfato para entenderla.
Y siempre la misma rueda, yo en un extremo y tu corazón en el otro, como la distancia, como el tiempo que nos pusimos en el medio, como entender que hace infinitos días no te veo y mi ansiedad debe encontrar la calma hasta que te vuelva a abrazar.
Astor de fondo, libertango. Libertad de seguir el viaje del mar y perderme con las olas como Alfonsina.

jueves, 10 de marzo de 2011

658 - Alejandra y el mar.


Ella hablaba principalmente de sus dos Alejandras en una.
Del combo misterioso que rodeaba sus pensamientos a la hora de afrontar la realidad.
De lo pesado que era sostenerse en una nube de realidad, sin sumirse profundamente en la depresión de la soledad y de las carencias afectivas que la torturaron desde su infancia.
Las relaciones con sus grupos sociales oscilaban entre la falsedad y la complacencia, sonrisas y caritas simpáticas, una salida cada tanto y fin del asunto.
Sus amores, eran como huellas en la playa. La marcaban en cada centímetro de piel, pero fácilmente los olvidaba.
Algunos, la podrían tildar de frívola, ya que pretendía entre sus fantasías tener una especie de cabaret de hombres para mujeres artístas o bohemias. Alejandra, incluso veía el cuerpo del hombre como un esparcimiento y entretenimiento o lo que ella misma decía "un lindo lugar para pasar el rato".
Pero lo que a ella especialmente la preocupaba, era encontrar los ojos y la mirada de un solo hombre. Ese que la tenía atrapada y entre lamentos. Ese, que negaba sus ojos rotundamente, quizás no por desprecio, sino por miedo o estupidez. Él no veía a la Alejandra alma, tierna, llena de hermosos sentimientos, dulce, niña. Él, veía lo que viron todos, una Alejandra desequilibrada, perdida, solitaria, apagada y frívola.
Nadie supo ver, aquella mirada tierna sobre el mar. Aquella niña dulce que sólo quería vivir y amar. Ella es el mar que adoraba, mar que la supo tragar hasta convertirse en ella.

jueves, 3 de marzo de 2011

Bailar


Dejar que el cuerpo hable.
Que la danza circule en mi vientre como un mundo exacto de brillo.
Dejar que el cuerpo caiga en la tentación del movimiento.
Que fluya mi espíritu por el aire, hasta apretar los pies al suelo.
Dejar que la danza construya mi cuerpo, que pueda achicar las distancias de la música aprendiendo a explorar el rítmo sin pensar en nada más que ese momento.