lunes, 13 de enero de 2014

Desterrado(s)


Lo mejor de todo fue desterrarte. Desterrarte del lugar donde hacía mucho necesitabas irte. Ni te quejaste. Te fui sacando lento, despacio. Después fui abrupta. Vos estabas quieto. No dijiste demasiado, como siempre. Mientras te arrastraba, sólo una vez me miraste y dijiste: ¿estás segura? y yo pensé y respondí ¿cómo no estarlo? llevas tantos años en ese lugar que ya debería haber olvidado por qué estás ahí. Pero no, no olvido. Algunas cosas no se olvidan y persisten, pese a los esfuerzos que pongamos. Pese a que la memoria del cuerpo quiera recuperar otras memorias y traer viejos recuerdos. Pese a que el tiempo pasado tendría que colaborar con la idea de no tenerte. Algunas cosas no se olvidan. Algunas otras, todavía, valen la pena.
Supongo que alguna vez tenía que pasar, alguien o algo tenía que sacarte. No decir más tu nombre. No cometer el mismo error del recuerdo mezclado con nostalgia. No desear más tu estampa, tu tacto o tu piel. 
No desear más es también parte de un aprendizaje y parece que últimamente, el deseo pone en jaque más de lo que quisiéramos creer. Pero ya no digo tu nombre, no lo escucho, no lo pienso. No lo siento más.