viernes, 8 de febrero de 2013

Si es verdad, mejor olvidarte


Un día iba a llegar este día. Sabía que pronto, tarde o temprano, esto iba a suceder. Lo primero que sentí, fue miedo. Luego, envidia. ¿Quién había sido capaz?
Inmediatamente pensé que esto era lo mejor. Quizás así, lograba olvidarte. Pero, ¿quién?, ¿quién había sido? ¿y si acaso sólo era una broma? De cualquier modo, no podía evitar el dolor. Creo que esta vez, es mejor así. Que esto finalmente me anestesie, ojalá. Que pueda olvidarte, que vos te olvides -aunque nunca tuviste nada que olvidar- porque todo, lo olvidaste. ¿Esto hará que deje de desearte?, porque el deseo, no se olvida. Yo te quise. Te quise mucho, tanto. Y, aunque no quiera, te quiero. Me pregunto por qué, siempre me pregunto por qué, después de tantos años, seguís siendo tan importante. Si es verdad, quisiera que seas feliz, casi como dice la canción: aunque no sea conmigo.

jueves, 7 de febrero de 2013

¿Por qué escribo?


Escribo simplemente porque no puedo hacer otra cosa. No escribo porque quiero ser escritora, reconocida o admirada. Escribo para salvarme de todo lo que me hace mal. Cuando escribo y armo el texto, quizás con frases que anoté en cualquier lado, siento libertad. Esas frases, pensamientos y sentimientos se aproximan a algo que alguna vez quise escribir. Pero casi todo lo que vivo, es por un segundo pensado como un cuento o relato. A veces cuando estoy por dormirme voy pensando en un texto, o frase. Cuando escribo, ese texto está impregnado del sabor de la vivencia y la imaginación, absolutamente personal. Escribir, es salvación diaria. Es experimentar trucos. Trucos que duelen y dan placer. Es avanzar sobre lo que me interesa. 
No podría vivir de otra manera que no fuera escribiendo. Aún si fuera bailarina, pintora, fotógrafa o piloto de avión, estaría escribiendo. Largas y finas emociones se desprenden cuando escribo. Paso por sentimientos encontrados, bipolaridades e inmensas alturas. Subo colinas, me sumerjo en profundas aguas, reinvento formas, colores y sentidos. Escribir, es, en suma, el sentido último de aquello que quiero decir.