lunes, 9 de diciembre de 2013

El rostro de mi madre


A veces me olvido de la cara de mi mamá, pero vuelvo al rostro de Edith Piaf, y la recuerdo. La veo y la encuentro en lo triste de sus ojos, en la mirada cansina, en las cejas finitas, la veo. Miro detenidamente la foto de la cantante y veo su boca pequeña. Sus labios desordenados me recuerdan a los labios de mi mamá. Sus mejillas blancas, sus violentos contornos, el tono de su piel y su frente despejada, todo me recuerda a ella. La veo y la realidad vuelve a ser parecida a aquella donde el presente era perfecto. La imaginación y el recuerdo se confunden. Ella está y no está, desaparece. Pero la sombra de su cuerpo invisible, me encuentra algunas noches. Yo ya no reclamo. Ella sigue su vida en otras partes y yo aprendo a vivir con la distancia a cuestas. 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Infinita Clarice

Una amiga me regaló La legión extranjera de Clarice Lispector. (Sigo alimentando mi biblioteca Lispector de Ediciones Corregidor) Y rescato, entonces, algunas frases sublimes de distintos cuentos:

Clarice Lispector
«Y yo ya me sentía atraída por él. No amor, sino atraída por su silencio»
«Se volvía doloroso para mí ser el objeto del odio de ese hombre que de cierta manera yo amaba»
«En superficie de tiempo había sido solo un minuto, pero en profundidad eran viejos siglos de oscurísima dulzura»
«La esperanza era mi pecado más grande»
«Las palabras me anteceden y me sobrepasan, me tientan y me modifican, y si no me cuido será demasiado tarde: las cosas se dirán sin que yo las haya dicho»
«Mi embrollo proviene de que una alfombra está hecha de tantos hilos que no puedo resignarme a seguir un único hilo; mi enredo viene de que un relato está hecho de muchos relatos»
«Hasta que mi risa fue definitivamente reemplazando mi delicadeza imposible »
«Sin hablar de que permanentemente me ocupaba de querer y no querer ser lo que era, no me decidía por cual de mí, toda yo era lo que no se podía; haber nacido era algo lleno de errores que corregir»
«Es posible también que ya entonces hubiese iniciado mi gran obstinación: daría todo lo mío por nada»
«Y el corazón imprudente se puso a latir muy alto bajo el riesgo de despertar el gigantesco mundo que dormía»
«Por sí mismo el ojo llora, por sí mismo el ojo se ríe»
«Mi salvación sería imposible: ese hombre también era yo »
«Una dulzura muy extraña fatigaba mi corazón»
«Yo era la oscura ignorancia con sus hambres y risas, con las pequeñas muertes alimentando mi vida inevitable»
«Sería demasiado fácil querer lo limpio; lo inalcanzable por el amor era lo feo, amar lo impuro era nuestra profunda nostalgia»
«Había dejado precipitadamente para tras el simplismo infantil de hablar de acontecimientos en términos de "casualidad" »
«Y aunque la hostilidad entre los dos se volvía gradualmente más intensa, como manos que se acercan y no se dan, no podían impedirse de buscarse»
«Aunque hostiles creían en la sinceridad que cada uno tenía versus la gran mentira ajena»
«¿Qué era finalmente lo que querían? No lo sabían, y se usaban como quien se agarra a rocas menores hasta saltar solo la más grande, la difícil e imposible; se usaban para ejercitarse en la iniciación; se usaban impacientes ensayando uno con el otro el modo de aletear para que por fin -cada uno solo y liberado- pudiese dar el gran salto solitario que también significaría el adiós uno del otro»
«El ideal los sofocaba, el tiempo pasaba inútil, la urgencia los llamaba -no sabían para qué caminaban, y el camino los llamaba »
«Experiencia a veces también se confundía con mensaje»


martes, 22 de octubre de 2013

Decían que podíamos


Decían que podíamos.
Decían que no importaban las distancias. Que si había amor todo pasaba. Que si realmente uno tiene ganas o simplemente se quería, se podía.
Decían que más allá de los silencios, el cuerpo del otro sabe leer y entender.
Decían que un millón de soles pueden más que un día nublado. Que muchas veces el otro, el próximo, el presente es el que sabe entender y perdonar. Que si se dice con sinceridad, se logra.

Decían que podíamos. Lo decían porque no estaban en nuestros zapatos, pero ellos, desde afuera, lo decían. No podían permitirse la imagen del fracaso ante sus ojos. Digo, con tal de no ver la realidad a veces se hacen muchas cosas. Nosotros no lo sabíamos y creíamos en esa suerte de venda que se ponían en los ojos. Ya dije que con tal de no ver la realidad a veces se hacen muchas cosas ¿no? Digo, a veces es difícil asumir y afrontar lo que no podemos. Nunca pudimos y eso es lo que nadie nos dijo. Ni a mí, ni a él. Nadie. Nadie dijo nada, entonces quisimos creer en la ilusión de poder. De querer poder algo que no se puede, no se logra y  finalmente, no funciona.


La calma no llegó. Pasó todo lo contrario. Nunca se vuelve a estar en el mismo lugar que antes cuando se toma una decisión importante. Y digo importante porque la separación era una decisión importante. Pero, ¿se podía ir más lejos? O, en otros términos, ¿se podía ir por detrás de un sueño que se mantuvo tanto tiempo en alto?, pienso que sí. Hoy, pienso que sí. Se puede escapar de una realidad que no se quiere. Se puede. Siempre se puede. Sobre todo cuando un poco de voluntad aparece y nos golpea. Pero, después de tanto choque ¿se puede negar? Sí, también se puede. Ya dije que con tal de no ver la realidad a veces se hacen muchas cosas y dentro de esas cosas, también estaba la infinita negación ante los demás. Pero, la peor de todas es la autonegación. En este parámetro -de negación sólo con los demás y de absoluta verdad sólo conmigo- es que había decidido terminar mi relación con Juan. Será por eso que ahora, a la distancia pienso que hice bien, pero en ese momento, en ese puto momento…claro que dolió. Dolió. Pero aprendí mucho.

martes, 15 de octubre de 2013

Se despierta y sueña

Mirándose al espejo, por Ana Porras


Se despierta. Sueña con el pasado. El pasado vuelve escalonado, desacomodado, trastocado. Se despierta molesta. Todavía tiene ese gusto en la boca. Suena el teléfono. Va al baño. Se lava la cara y los dientes. Se mira al espejo y recuerda fragmentos del sueño. Flashes. Imágenes. ¿Por qué con mis ex?, se pregunta inquieta.

Con uno: fantasía, amor, sexo, cariño. Con el otro: reproche, violencia, enojo, agresividad. Por uno, hubiera dado la vida. Por el otro, tuvo que dar la vida a cambio de nada o menos que nada. Ni migas, ni monedas, ni nada. Por uno, dejó pasar el tiempo, actuó tarde, lo dejó ir sin saber que lo perdía. Por el otro, anestesió parte de su vida en años que no valieron la pena, no actuó, se dejó ir a sí misma, sin saber que se perdía. Federico y Mario, dos antagónicos e insoportables pasados que volvían en sus sueños.

En lo ideal de su sueño, Julieta era como hubiera querido ser: Federico le decía que quería estar con ella y ella, aceptaba la propuesta de forma osada, completamente fuera de rol. Él le decía algo así como: “no quiero que te confundas más, vos sabés lo que siento por vos”. Y ella simplemente le sonreía porque en su sueño entendía que a veces es bueno callar. Se amaban, se tocaban, se besaban, se tenían, se sentían. Luego, si él o ella se iban, no importaba, porque en ese momento, los dos, por fin, eran uno. Pero no cualquier uno, eran la perfecta fusión de cariño, deseo, respeto, amor, calentura, pasión, cursilería, besos y abrazos. Los dos se sentían vivos. Los dos sentían que ése era el máximo punto de placer que podía llegar a tener. Estaban embarcados en una fantasía que habían reprimido por años (años de vida real, no de sueño), que se transformaban en “reales” en ese momento. Julieta aprovechaba porque esa boca y esos besos, no los pudo sentir nunca más.

En lo perfecto de su sueño, Julieta era como hubiera necesitado ser: Mario le decía algo así como: “sos una puta, me cagaste”, y ella, después de una larga y convincente explicación, donde argumentaba los reales motivos de su engaño, hacía un gesto que provocaba la comprensión inmediata de él. Se caían las fichas con dolor, pero con madurez. Ella se iba, él no la frenaba. Ambos habían entendido todo: la relación empezaba a ser pasado y la pareja se había disuelto para siempre. Sin escenas de sentimentalismo barato –por fin-  el cariño (que alguna vez habían vivido), quedaba en un cajón; con el recuerdo feliz; sin rencor.

Julieta vuelve al baño. Se refriega los ojos y la cara con agua. Las gotas caen por su rostro hacia el lavatorio. Sus ojos están pálidos. Sus mejillas están levemente rosadas. Se sonríe. Se arrepiente de esa sonrisa. Se tira agua bien fría en la cara, de nuevo. Se seca el rostro y toma su celular. Manda un mensajito:

Para: Federico
“Querés que nos encontremos este viernes?

Beso, J.”

viernes, 13 de septiembre de 2013

Tu nombre


Nada que tenga tu nombre. Eso me haría bien. Nada que tenga tu sucio nombre. Ningún lugar donde leerte. Nada que me diga JUAN. Ningún Juan en mi vida. Nada que diga tu nombre. Nada que me recuerde esas cuatro letras del demonio. Nada que se vincule a tener que pronunciar tu nombre, una vez más, nada. Ningún nombre. Nadie que me diga: “me llamo Juan”. Nadie que me diga: “a mi hijo le puse Juan”. Nada. Ningún nombre. Nada que diga tu sucio y asqueroso nombre. No leerlo más. Que en la tele nadie se llame así. Que ningún personaje, de ninguna novela se llame así. Que Perón se cambie el nombre. Que no haya más Juanes. Nadie más con tu nombre. Nunca más tu nombre. No decirlo, no sentirlo, no permitirme sentir nunca más ese nombre. Nada que diga tu nombre. Nada. No sentir nada por vos. Eso me haría bien.

viernes, 16 de agosto de 2013

En libertad


Los primeros mates del día, con la primera ansiedad. Afuera hay smog, viento y un hermoso día de sol de invierno. Miro a los pájaros  rabiosos que van de un lado a otro, a toda prisa. Los miro y pienso que van con rumbo incierto, pero ellos saben a dónde van. Su vuelo tiene verdadera firmeza. Los pájaros no se arrepienten, no discuten, no piden perdón ni cometen errores, porque en la libertad de sus alas está su corazón y un corazón sincero –si es realmente sincero– nunca se equivoca.  

viernes, 9 de agosto de 2013

Escribo para no ser escrito



«Escribo para no ser escrito. Escribo para sentirme mas dueño de mis actos que si leyera o si obedeciera a los estímulos del mundo como la publicidad, la música ambiental o a la oferta de libros» Fogwill (extraído del testimonio audiovisual que registró la Audiovideoteca de Buenos Aires)

jueves, 25 de julio de 2013

Fuerte y bajito, como las palabras y el sonido...

Así, fuerte y bajito. Así, dejando volar las palabras. Como para Elis vuelan las manos sobre el piano que dice, pero también calla...

lunes, 15 de julio de 2013

Querido, te engaño


El word vacío. No sé por qué, pero no lo soporto. Tengo que escribir. Tengo que llenar el silencio con palabras. Llenarlo entero. Intentar silenciar ese espacio incómodo entre mis dedos y la pantalla. Lo miro y me resiste la mirada. Lo vuelvo a mirar. Amago. Me levanto de golpe y voy al baño a no hacer nada, vuelvo y sigue ahí. Voy a la cocina, me preparo el mate. Llego a su lado, de nuevo y no dije nada. Tengo que decir algo. Decirlo fuerte y esta vez y decirlo bien. No amagar, escribir como quién tiene las buenas intenciones de decir algo y simplemente lo hace.
Empiezo a escribir una confesión: “te engaño”. Lo borro. Pongo Ctrl + Z y aparecen las dos palabras de nuevo. Las miro. Las pongo en rojo. Las pongo en negrita. Las miro. Las resalto con amarillo. Pienso que en este caso el amarillo es muy frívolo. Lo saco. Lo pongo en negro. Después de un rato me arrepiento.

Necesito borrar y devolverle al espacio todo ese margen que me dio para ser, escribiendo. Necesito pedirle disculpas por tener una herramienta y no saber utilizarla. Me arrepiento del tiempo que le hice perder. Le digo que la próxima –si la hay- será distinto. Le miento descaradamente. Le repito que no sé qué me pasó, es la primera vez que me pasa, miento. No me cree, lo sé, pero necesito volver a decirlo, con mejor actitud y cara. Lo engaño con mis palabras mientras escribo. Parezco tan segura pero por dentro ni yo misma puedo creer semejante mentira. Remato la situación diciéndole que me duele la cabeza, que estoy cansada, que mejor intentar mañana. Cierro el archivo, sin guardar. No me despido, no digo nada. Cierro el archivo y bajo la pantalla, aunque vuelvo a mentir y  me quedo con esta copia. 

martes, 2 de julio de 2013

Me quedé sin internet


Me quedé sin internet un largo rato. Justo hoy que es un día de mucho trabajo. Entre cosas externas e internas, papeles y llamados, debo editar la versión final del #2 de Revista Kundra. De pronto -causalmente- aprovecho ese tiempo para seguir con mi relectura de "Cuentos Completos", de Fogwill. En ese mágico instante en el que me siento fuera de la noción del mundo, tomo una de mis libretas (donde anoto citas) y comienzo a registrar frases como: «La buena literatura (…) no permite apreciar el mal aliento de algunas frases» o «Clandestina en su forma y sanguinaria en sus procedimientos» e inmediatamente se me disparan imágenes intensas y vibrantes, como si fuera un televisor en el mostrador de un técnico: todas las imágenes pasan en un zapping que no puedo -ni quiero- detener. Justo allí, en ese momento, vuelve a encenderse la luz amarilla que me indica que volvió internet. Cierro el libro, caliento la pava para el termo y vuelvo a la realidad donde los textos de "mis colaboradores" me generan otras chispeantes y enriquecedoras imágenes.

martes, 11 de junio de 2013

Sucede


Tiembla la lengua.
Tiembla el deseo.
Siento vértigo.


Pienso en tus ojos, 
los veo acaramelados.
Tus ojos son fuego: seducen.

Dicen que la belleza no tiene tiempo.

Dicen que de tu cuerpo, puedo beber días enteros.
Dicen. Digo.

Algunas veces voy sin recuerdos.
Otras, te busco y me arrepiento.
Pero los dos sabemos devolver,
 lo que no queremos encontrar. 

Me detengo. 
Me sonrío. 
Te pienso
Tiembla la lengua.
Tiembla el deseo.

Sucede.

sábado, 8 de junio de 2013

Nunca dicen cómo


Alguna cosa quería escribir. Algo quería decirte. De golpe sentí en el pecho una tristeza sin retorno. Si algo te hacía mal, me haría mal a mí también. Me pedí no ponerme así pero ya era tarde. Cuando la tristeza te invade, invade. ¿Cuántas horas más pasarían? ¿En qué momento dejarías de respirar? Eran algunas de las preguntas que resonaban y me dejaban sin respiración a mí. 
Creo que todos tenemos –en mayor o menor intensidad- el anhelo profundo de ser inmortales o mejor dicho, de no atravesar la muerte. ¿Qué se hace cuando se sabe una verdad antes de tiempo? ¿qué se hace –si esa verdad- es irreversible?
Yo lloro, triste. Vos venís dando todo, ofreciéndome más. Venís dispuesta a curarme. Tu gesto siempre es enorme. Lloro. Quisiera que nunca te pase nada. Te sonrío levemente y pienso que muchos hablan de la angustia. Dicen que atravesar el dolor es necesario, pero nunca dicen cómo…

jueves, 23 de mayo de 2013

Atravesar el fuego



Habrá un camino correcto en un paisaje incompleto. 
Quedarán algunas sombras detrás, tal vez brillando en la oscuridad. 
Se romperá la calma de un equilibrio aparente pero la noción de vida perdurará, 
luego de intentar atravesar el fuego.

lunes, 6 de mayo de 2013

Enroscado y húmedo

¿Qué pasa en el aire, cuando el viento se enrosca? 


Hay una brisa que trae novedades. A lo lejos, se expande una soga que pasa miles de prendas nuevas y usadas. Remeras, vestidos y medias flamean furiosamente. La tarde comenzó a vestirse de lana, y el viento húmedo sacudió los telones, los vidrios y los toldos. El viento trae consecuencias y avisa. La ropa en las terrazas se mueve violenta, penetrable y ruidosa. Las ropas bailan y hacen una danza ancestral, como un canto de ballena en el fondo del mar. Los cortinados, los tanques y los cuadros zigzaguean un ritmo de candombe. El viento trae esperanza. El viento brinda aire. 
La continuidad de nuestros actos será un condimento más en estos minutos decisivos. El sol está cayendo, el viento avisó. Los actos comulgarán con otros que se volverán hechos. El viento avisa, pero los actos no.

¿Qué pasa en el aire, cuando el viento se enrosca? 


viernes, 26 de abril de 2013

¿Quién quiebra el silencio?


Cuando hay algo de silencio, se escucha el tren. Algunas veces imagino quiénes estarán viajando y hacia dónde. Durante el silencio, también se oyen las ruedas de los vehículos. En muchas ocasiones escucho frenadas y motos que hacen galopar su motor. 
El silencio nunca es quieto: se interrumpe. El ascensor sube o baja frenéticamente. La mujer del cuarto piso corre a la terraza porque olvidó descolgar la ropa y escucho como chancletea las escaleras. Un perro -creo que es el del séptimo piso- ladra los últimos grititos de la noche. 
Los autos siguen pasando. Hay un segundo de silencio que nuevamente se rompe. Alguien chifla y le grita a otro alguien. Ese alguien no responde o por lo menos, no lo escucho. 
El colectivo de recién hace su sonido, como si jugara con el timbre y el freno, pero no detecto que sonido es. Suena mi celular y me detengo. Mi estómago suena. Un murciélago suena.
Campana interior. Miro la hora. Otra vez el ascensor y de fondo, en un televisor remoto un pastor recita las últimas frases pidiendo por un Dios que tarda en llegar.

martes, 16 de abril de 2013

He sido, he dicho: SOY



He sido un alma inquieta y he vagado.
He buscado precipicios y he callado.
He oído el cristal roto de tus lágrimas cayéndose en mi hombro.
He obedecido el látigo, la punta, la espada y la palabra.

He sido infiel, consecuente, inconsciente y permisiva.
He detestado el silencio. He amado el sacrificio. He perdido tu mirada
He huido. He callado. He temido.

Hemos simulado. Hemos mentido. Hemos callado.

He buscado, te he encontrado, lo he perdido, no he olvidado.

He limpiado mi nombre. He perfumado las sábanas. He sembrado.
He pronunciado cada paso. He alejado todo lo malo. He soñado.

Hemos sido. Hemos hecho. He perdonado. Estoy amando.

Dedicado a Pablo Dobrinin 

lunes, 8 de abril de 2013

Rojo, Rojito


Me siento en un bar. El mozo es como los de antes: elegante, correcto en su forma de hablar y está vestido con una camisa "tipo ambo", de color celeste. Pido un café y le pongo azúcar, inmediatamente pienso en la endocrinóloga que me restringió la sustancia. Le puse la mitad de un sobre y no me sirvió de mucho. Opto por un sobre de edulcorante y vuelvo a endulzar el café. Lo pruebo y ahora tiene el sabor que buscaba. El mozo va y viene con sonrisa amable. Se escuchan gritos desde la cocina mientras me entero que le dicen “Rojo”. El bar tiene un banderín de Independiente que anticipa el apodo.
Las porciones que lleva Rojo en sus manos son abundantes y –por lo que se lee en la carta- los precios son económicos. Los pasos del trabajador delatan que sus pies están vencidos pero con ganas de seguir en pie.
Detrás de mí una mujer pregunta si por el feriado de semana santa abrirán. El cajero le responde que sí. El mozo se suma a la charla y mirándome me advierte que la calle desde hace un rato, está más tranquila. Yo asiento y le sonrío.
El fútbol domina la pantalla de la pequeña tv del lugar. Por dentro sostengo en mis pensamientos que cuanto más chica es la televisión, más grande es la charla (aún entre perfectos desconocidos) y por el diálogo que se estableció entre la mujer detrás mío, el cajero y yo, lo confirmo.
Entra una mujer rubia, cargada de bolsas y pide que en 10 minutos le tengan lista una tortilla de papa con huevo y cebolla. Específicamente pide que no le agreguen otro ingrediente. El cocinero, Pepe, obedece. Sus deseos son órdenes, le dice Rojito sonriéndole.
Un hombre pide la cuenta con un escarbadientes en la boca. Yo pido otro café en jarrito y Rojo me sonríe mientras le hablo. Vuelven a hablar algunos hombres de Independiente, dicen que si vuelve a perder el equipo va a estar complicado. Yo por dentro pienso lo mismo y me lamento, también soy de Independiente.
Vuelve la señora rubia, aplaude y agradece la tortilla. Se sienta a comer gustosa y agrega rápidamente “no tiene ningún ingrediente de más, como siempre perfecto Pepe”.
El cajero se da cuenta que Ernesto –un cliente de la casa- olvidó su agenda, billetera y celular. Le grita a un señor que entra “che, llámalo a Ernestito que se olvidó las cosas”. Este señor le responde pronto “ya lo llamo, igual venía para acá”. Luego de algunas mesas atendidas, Rojopercibe que Ernesto se está demorando más de lo común y sale a la vereda a esperarlo. Lo ve venir desde Tucumán y le dice “te olvidaste la vida querido ¿qué pasó?”. Con una sonrisa el cliente le dice “menos mal que vengo siempre al mismo bar, sino ya me lo habrían robado”.
Mientras limpia y acomoda las mesas Rojo sonríe. Quizá su equipo descienda, quizá sus clientes de Racing lo carguen pero lo que no pasará es que Rojito pierda su linda sonrisa.



miércoles, 3 de abril de 2013

Información para ayudar a los damnificados del temporal

Este blog es un espacio literario pero lo sucedido las últimas horas merece una especial atención. Copiamos la información aportada por La Nación.

Ante la desesperante situación en la ciudad y la provincia de Buenos Aires por el temporal que dejó por lo menos 31 muertos en las últimas 30 horas, fundaciones solidarias reciben alimentos no perecederos, ropa y colchones para ayudar a los afectados.
  • Montserrat: Plaza de Mayo. Desde hoy a las 14, Red Solidaria convoca a llevar donaciones a la Catedral de Buenos Aires, donde habrá un camión que llevará donaciones a distintos centros de ayuda a los afectados de La Plata
    Avenida de Mayo 822 4° A. Mundo Villa pide ayuda para el barrio Los Piletones.Tel: 4343-0136.
    Piedras 610 (La Cámpora)
  • La Boca: Avenida España 2230 (Un techo- Caminos Solidarios- Un minuto de vos- Mundo invisible)
  • Palermo: Carranza 1962 (Fundación Sí)
    Gurruchaga 2122 (Nuevo Encuentro)
  • Colegiales: Avenida Federico Lacroze 3381(Nuevo Encuentro)
Villa Crespo:
  • Club Náutico Hacoaj: Av. Estado de Israel 4156
  • Tzedek: Serrano 333, de 10 a 17 hs
  • Recoleta: Uriburu 920 (FUBA - Federación Universitaria de Buenos Aires)
  • Flores: Bonifacio 2759 (Tel: 4612-2299)
  • Saavedra: Pico 3500. Se reciben donaciones para los afectados del barrio Mitre.
  • Los comités de UCR Capital estarán abiertos para albergar y asistir a damnificados. Consultas al 4372-0775.
Belgrano:
  • NCI Emanu El: Arcos 2319, 13 a 19 hs

PROVINCIA DE BUENOS AIRES

  • Santos Lugares: Sudamérica 2235 (Red Solidaria en Caseros, Parroquia "El Buen Pastor")
  • Banfield: José María Penna 1610. El Club Defensores de Banfield recibe donaciones de lunes a viernes de 14 a 21
Lomas de Zamora:
  • Comunidad Dr. Herzl: Meeks 356, de 10 a 17 hs
  • Florida: Melo 2902. La Parroquia Nuestra Señora de la Guardia recibe donaciones de lunes a viernes de 16 a 19
  • Lamroth Hakol: Caseros 1450, de 10 a 17 hs
  • San Fernando: Gandolfo 5059 (Parroquia Itatí de Virreyes). Teléfono para consultas (Cáritas San Isidro): 47424484
Tigre:
  • Club Náutico Hacoaj: Luis García 943
  • Beccar: Colegio Marín (Av. Libertador 17115)
    Parroquia Nuestra Sra de la Cava (Alvarado 1355)
  • Boulogne: Gorriti 1574. La Parroquia San Ignacio de Loyola abrió un comedor. Tel: 1154583751 (Judith Acuña)
La Plata:
  • Club Estudiantes de La Plata, en City Bell y 49 entre 9 y 10
  • Partido Socialista: 49 entre 9 y 10
  • UB de la JP, calle 4 N° 643 e/ 44 y 45
  • UB Liliana "Turca" Barbieri Diag. 73 N° 375
  • Centro Cultural " La Vecindad" Diag. 79 N° 298 esq. 117
  • UB Néstor Kirchner de Altos de San Lorenzo, calle 19 e/ 85 y 86
  • Club Centenario City Bell 461 entre 13 c y 14
  • En ABSA del Parque San Martín (25 y 51) reparten agua potable, solo hay que llevar bidones
  • 9 y 48 (Escuela)
  • Club Chacarita (30 y 73)
  • Club San Martín (7 y 523). Tel: (0221) 422-3614
  • 4 y 85 (Iglesia)
  • 123 entre 67 y 68 (Club)
  • Centro Cultural Mil Flores 13 (5 entre 63 y 64)
  • Escuela 60 (Calle 2 bis y 515 bis)
  • Consejo municipal de la mujer (Calle 50 entre 6 y 7 -Pasaje Dardo Rocha-1º piso, oficina 115.). De lunes a viernes, de 8 a 14 horas. Teléfono: 423-2232
  • Facultad de Odontología.
  • Museo de Cs Naturales 122 y 60
  • Facultad de periodismo
  • Facultad de Derecho 48 e 6 y 7
  • Club Círculo Tolosano 115 bis y 528
  • Calle 4 e 44 y 45
  • Comedor Héroes de Malvinas: 153 e 64 y 65
  • En 19 e/ 85 y 86
  • Facultad de trabajo social en 9 y 63, secretaría de Extensión
  • Club San Martín 7 y 523
También se puede hacer un aporte para la Fundación Sí en:
Caja de Ahorro Especial N 4-054-0001458293-3 Banco Hipotecario
CBU 0440054-74000014582933-9
Titular: Fundación SI Argentina
CUIT: 30-71250682-9
Más información: info@fundacionsi.org.ar y 4858-0154.
Se necesita:
Alimentos
Colchones
Frazadas y sábanas
Toallones
Ropa
Zapatillas
Leche en polvo
Pañales
Velas
Elementos de limpieza
Elementos de higiene
El Ministerio de Planificación dispuso una línea especial de atención telefónica para que los vecinos damnificados. La línea de atención es: 4390-9500 y 8 líneas rotativas.
FUENTE: La Nación

miércoles, 20 de marzo de 2013

Prisionera


Prisionera, lejos del rumbo.
Huiste de este y otros tiempos, en busca de algo mejor.
Tu espada acribillada en la vereda, y tu perpetua blancura
son el manto que siempre traerás en tus hombros.

Las sombras se entorpecen con el sol, preferís la oscuridad
el rastro de sol dibuja el movimiento, ese mismo movimiento que antes era placentero.
Tus piernas largas te guían y chocan inmortales ante un semidios desnudo,
ese mismo demonio que te abrió tus peores pecados.

Te dejas caer. Te dejas vencer por la tentación amarga de sus besos.
La prisión es un lugar en el que te sentís cómoda. Estás acostumbrada al encierro.
Pero el circuito de tu mente cambió. Las cadenas se hicieron luz en tu pensamiento
y los deseos que luego fueron besos, no volvieron jamás.

Pedís que te ahorque el placer. Que las manos duelan tanto como puedan doler.
Girás. Aceptás. Temblas. Te movés.
Prisionera, lejos del rumbo. Te quebrás.
Tu espada acribillada en la vereda, y tus manos asustadas marcaron la distancia
y sólo entonces, tu perpetua blancura -la soñada- llegará para siempre hacerte perder.

martes, 19 de marzo de 2013

El túnel y Dormir al sol


Hoy a la mañana terminé de leer “El túnel” de Ernesto Sábato. Es un libro que tengo en la biblioteca hace algunos años, heredado de mi madre o mis tías, no recuerdo. El caso es que la historia me pareció excelente. Inmediatamente me reproché  a mí misma tantos años de no haberlo leído y de tenerlo en mi biblioteca quieto, seguramente escoltado por otros ejemplares. Lo había leído de chica y fue una lectura vaga. Nada de lo que recuerdo de ese libro es como lo leí en esta oportunidad.
Me quedo -sobre todo- con la simple pero a la vez inquietante historia. También, me quedo con algunas frases: “La vanidad se encuentra en los lugares más inesperados: al lado de la bondad, de la abnegación, de la generosidad” o “Uno se cree a veces un superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido”
Esta tarde empezaré a leer “Dormir al sol” de Adolfo Bioy Casares. Libro que -recuerdo- heredé de mi tía Ñata. Tengo el presentimiento de que me sucederá lo mismo, y me reprocharé los años de no lectura y de haber mantenido el ejemplar en la biblioteca. Incluso lo presiento porque escuché al propio A.B.C decir en una entrevista que el libro que le gustaba de su obra, es Dormir al Sol. Incluso, lo confirma en el prólogo cuando dice “Yo a veces condeno toda mi obra, pero es porque me olvido de que está Dormir al sol, que quizá la justifique”

lunes, 11 de marzo de 2013

La señora del octavo


Cuando la señora del octavo discute con la hija se refiere a ella como si se tratara de una completa extraña, o algo peor. La subestima, la denigra y la descalifica con severas palabras. La señora del octavo le dice “Mariana, sin mí no sos nada” y ella, casi en tono burlón le dice: “no gasto casi en nada, dirás”.
La señora del octavo, cuando se enoja con su hija, denomina como “el chico” a su nieto menor. Ella, muy enojada le responde “mirá que “el chico” es tu nieto y ya entiende todo, dejó de ser un bebé hace rato”. La señora del octavo le refuta que Benjamín tiene sólo 5 años y no entiende nada.
Mariana, antes de cerrar la puerta del departamento de su madre, le advertirle que aunque le cueste un ojo de la cara, conseguirá una persona y le pagará lo mismo o más de lo que le paga a ella, para que realmente cuide a su hijo. Quizás –le dice- la abuela paterna tenga ánimo, ganas, tiempo y sobre todo amor para sus nietos. Inmediatamente, la señora del octavo la reta: “No entiendo porque siempre te gusta usar grandes palabras para referirte a cosas naturales. Además, sabes bien que la otra abuela es una inútil”- Mariana le responde furiosa: ¿amor es una palabra “grande”? ¿qué clase de desalmada sos mamá?. Esther será una inútil pero por lo menos quiere mucho a sus nietos, y a veces con eso basta.
La señora del octavo escatima siempre decir “te quiero”; “te amo” o cosas por el estilo. Sin embargo, no escatima ciertas frases que reitera con insistencia a sus queridos nietos: “no toquen eso”, “quédense quietos”, “no te muevas más”, “cállate la boca”, “¿quién te dijo que podías agarrar jugo de la heladera?”.
Creo que -si Mariana supiera todo esto con certeza- no le confiaría sus hijos a la señora del octavo. Aunque ésta, sea la abuela de los niños y su propia madre.

viernes, 8 de febrero de 2013

Si es verdad, mejor olvidarte


Un día iba a llegar este día. Sabía que pronto, tarde o temprano, esto iba a suceder. Lo primero que sentí, fue miedo. Luego, envidia. ¿Quién había sido capaz?
Inmediatamente pensé que esto era lo mejor. Quizás así, lograba olvidarte. Pero, ¿quién?, ¿quién había sido? ¿y si acaso sólo era una broma? De cualquier modo, no podía evitar el dolor. Creo que esta vez, es mejor así. Que esto finalmente me anestesie, ojalá. Que pueda olvidarte, que vos te olvides -aunque nunca tuviste nada que olvidar- porque todo, lo olvidaste. ¿Esto hará que deje de desearte?, porque el deseo, no se olvida. Yo te quise. Te quise mucho, tanto. Y, aunque no quiera, te quiero. Me pregunto por qué, siempre me pregunto por qué, después de tantos años, seguís siendo tan importante. Si es verdad, quisiera que seas feliz, casi como dice la canción: aunque no sea conmigo.

jueves, 7 de febrero de 2013

¿Por qué escribo?


Escribo simplemente porque no puedo hacer otra cosa. No escribo porque quiero ser escritora, reconocida o admirada. Escribo para salvarme de todo lo que me hace mal. Cuando escribo y armo el texto, quizás con frases que anoté en cualquier lado, siento libertad. Esas frases, pensamientos y sentimientos se aproximan a algo que alguna vez quise escribir. Pero casi todo lo que vivo, es por un segundo pensado como un cuento o relato. A veces cuando estoy por dormirme voy pensando en un texto, o frase. Cuando escribo, ese texto está impregnado del sabor de la vivencia y la imaginación, absolutamente personal. Escribir, es salvación diaria. Es experimentar trucos. Trucos que duelen y dan placer. Es avanzar sobre lo que me interesa. 
No podría vivir de otra manera que no fuera escribiendo. Aún si fuera bailarina, pintora, fotógrafa o piloto de avión, estaría escribiendo. Largas y finas emociones se desprenden cuando escribo. Paso por sentimientos encontrados, bipolaridades e inmensas alturas. Subo colinas, me sumerjo en profundas aguas, reinvento formas, colores y sentidos. Escribir, es, en suma, el sentido último de aquello que quiero decir. 

jueves, 31 de enero de 2013

Orsai, toma 1


Anoche fui al bar de ORSAI. Ayer y esta mañana son -como dice el post anterior- vísperas del aniversario de la muerte de mi mamá. Es decir, no es un buen momento. Sin embargo, anoche me sorprendí.
Generalmente por estas fechas, prefiero encerrarme en mi casa a leer, escribir o descansar. Me siento mal y no duermo bien,como hoy, pero hoy se lo puedo atribuir al calor. Esta vez, este año, preferí no encerrarme y finalmente, salir.
Llegué a Humberto 1° al 471 con un amigo, Matías. Entrando, enseguida escuché una voz femenina que me decía: "Angie, Angie". Me dí vuelta y allí habían dos chicas, una rubia y otra morocha. La morocha, Paula, me saludaba. Paula es una chica que leí en Facebook. Digo leí porque no la conocía personalmente. Nos relacionamos a través de un grupo en el que participamos. (Club Mundo Porno, en referencia al libro de Juan Manuel Candal). Paula estaba acompañada por Federica, una chica Alemana que vino de intercambio a nuestro país. Nos invitaron a sentarnos y con Matías, no dudamos en hacerlo.
En la mesa contigua estaban Alicia, Luz y una chica a la que no conocía llamada Laura. Me invitaron a sentarme pero les expliqué que estaría en la mesa de atrás, acompañada por Matías, Paula y Federica. Igual, prometí ir visitándolas durante la noche.
El bar tiene su mística. Allí ocurren y se dan cosas lindas. Puedo decir que me sentí como en casa, cómoda. El pequeño escenario, las luces, los techos altos. San Telmo, el verano, la gente. Todo configuraba bien, todo se disponía para sentirme mejor que encerrada. Salí a fumar y me crucé con Josefina Licitra, nos saludamos contentas y ella entró a saludar a todos los demás que allí la esperaban.
Volví a la mesa. Charlamos bastante. Le recomendamos a Federica lugares para visitar aunque ella estaba más informada que nosotros. Desplegó su mapa sobre la mesa y tenía marcados lugares como La casona de Humahuaca, Club Culural Matienzo, Plaza Serrano y otros tantos más. Le recomendé algunas librerías como Crack Up. Le dije también que pase por Parque Chacabuco y Rivadavia. Le sugerí un paseo por las vías del tranvía de Caballito, en la calle Emilio Mitre. También le conté del bar El Banderín y Café Mussetta, los cuales ya conocía. Nos reímos, compartimos y cenamos una rica pizza. Al rato, Hernán Casciari leyó para todos la nota editorial del nuevo número de la Orsai. Todos aplaudimos. Yo pensé "ojalá algún día me pase eso a mí", se lo comenté a todos en la mesa. Matías me sonrió y con una mirada cómplice me dijo "ojalá".
Todo este cuento viene a que, pese al momento que estoy atravesando, lo mejor que pude hacer fue salir y encontrarme con esta gente. Conocí personalmente a Paula, que a su vez me presentó a Federica. Me reencontré con Alicia, que si bien ya la conocía personalmente hacía tiempo que no la veía. Luego la ví a Luz, que la tenía sólo de vista y que tuvo la generosidad de regalarme su libro, recientemente publicado. Además, me presentaron a Laura, una chica muy simpática y sonriente. Yo cumplí mi promesa y pasé por la mesa de ellas varias veces. Me reí, charlamos y luego me despedí hasta la próxima.
El cuento viene, entonces, a que a veces es mejor salir y no encerrarse. Ayer, seguramente iba a quedarme pensando y revolviendo cuestiones que son inherentes a mí. Lo que pasó, pasó. Nada puede cambiar el dolor, pero yo puedo cambiar lo que me pasa con un simple -pero provechoso- encuentro.