viernes, 30 de noviembre de 2012

4600



Desconfío de una persona que envía 4600 invitaciones para que esas otras 4600 personas lean, vean y compartan un artículo que esa persona escribió. No sólo peca de vanidoso, frívolo y pendenciero sino que además, no entiendo el sentido de hacerlo. Ya bastante hacemos individualmente cuando sin mejores ideas, naufragamos en el mar de las redes sociales y sin miedo a las pirañas  o lo fría que esté el agua, nos  someternos (consciente o inconscientemente) al mundo vertiginoso de los muros de otros; en donde a falta de adivinanzas, se publica casi por inercia todo aquello que cada uno escribe, hizo, publicó, pensó, realizó y demás acciones. ¿No es suficiente? Como para -encima- sobre todo y sin remedio, tener que diseminar 4600 invitaciones a leer un artículo. Acaso ¿hay placer en disparar como semen 4600 invitaciones? ¿Esa eyaculación de emociones y palabras vale la pena? ¿Cambia el mundo? ¿Lo mejora? ¿Lo hace más sensible? o es parte de un conjunto de acciones inútiles que hacemos día a día, como por ejemplo, escribir esto, en este blog, ahora.

Superchería




"Cuando te das cuenta que es tu amigo quién te da la mano entonces para vos ya no existe el miedo ni el dolor ni el frío estás cómodo con él, en tu casa y sólo ves las estrellas de espuma y no hacés más nada, porque creés que ahora ya no estás tan sólo. Si te dieras al menos un porqué"
Luis Alberto Spinetta



Ya es 30 de noviembre, y no dije nada.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Escribir

A veces confundo mis palabras y pierdo el sentido último de aquello que quería contar. Quizás suceda y lo haga, por esta necesidad de expresión, que está más allá de todo. A veces tengo  una estúpida forma de comunicarme a falta -tal vez- de mejores recursos orales.
Escribir. Elijo escribir. Y no hay mayor pecado en eso, pero decir  (este decir) debe estar contenido en formas que aún estoy buscando. En esta búsqueda me encuentro día a día y aún más hoy. Las palabras son el camino, pero el sentido es lo que estoy buscando.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Amuletos


No hay un manual pero tiene que haber alguna clave. En algún lado debe haber palabras bellas que decoren los pensamientos de una mejor forma. Alguien debe tener algún secreto. Por algún lugar debe haber una receta que diga cómo se hace. También, en alguna parte, debe haber alguna persona que sepa cómo es mejor manejar ciertas situaciones. Una especie de gurú intelectual, físico, matemático, químico o alquímico que sea prudente y visionario. En alguna parte deben estar las instrucciones, el manual o la caja. Tal vez, esté el botón en algún aparato desconocido. Quizás, sólo sea cuestión de encontrar ese objeto bendito/divino que sirva de amuleto, tesoro y fortaleza. Quizás, si aparece, no necesite buscarlo más.

Hubo, hubieron, no hay más.


Hubieron miles y sólo uno pasó. Hubo un silencio sordo, inquieto. Hubo mentiras, apegos y deseos encontrados. Hubo, también, una dosis innecesaria de caprichos y desatinos. Copas rotas, noches de desvelo y hasta conversaciones sin fin por teléfono.
También hubo celos, enfermos, enfermizos, psicóticos e innecesarios. Hubo, algún beso. 
Hubo, atardeceres que parecían nunca terminar. Hubo parques que se convirtieron en parques sin memoria. Además, hubo un montón de frases hechas, caricias a destiempo y cervezas de más. Hubo violencia. Hubo fracaso. Hubo desencuentro.
Hubieron miles de errores. Sonrisas de más, complacencias fabricadas y negación. También, hubo misterio y nunca entendí bien qué tanto temías aceptar. 
Hubieron miles, y sólo pasaste vos. Y aunque vos sólo pasaste, por mí sólo sentí el amor de otros. Y no me puedo arrepentir de haber vivido lo que sucedió: yo también soy parte. Y acepto que tal vez, el camino no fue el mejor pero fue el necesario para llegar hasta donde estoy.
Lo que se de vos ahora no me conforma, no me completa, no me suma y no me interesa. Pero, en el fondo, también acepto y comprendo que algo de todo lo que eras, terminó. 


domingo, 11 de noviembre de 2012

El momento


Una boca, una mirada. 
Unas flores llenas de pájaros. 
Una canción.
Ese atardecer. 
El tiempo que pasa 
sobre el mar, que pasa. 
El mar que se abre como poema al viento 
y todo pasa en un milésimo de segundo 
y otro, 
y otro que va, y que flota. 
Y otro, y otro,
siempre otro.

jueves, 1 de noviembre de 2012

¿Por qué duele?



No sólo duele por la herida, sino por el hueco que dejaste. No solo duele por todo lo que te quise, sino también por todo lo que cosechamos.
Si duele, es porque hubo cariño. Y si ese cariño no está más, entonces, conviene olvidar y ubicarte en el lugar del recuerdo. Nada vale la pena rescatar, si el puente que nos separa ha ido tan lejos, que ya, ni se ven los extremos.
No solo duele por la herida, sino que también duele por el recuerdo.
Angie Pagnotta

www.retratonarrado.blogspot.com.ar