martes, 19 de junio de 2012

¿Dejar de ser o nunca haber sido?



Después de algunas lecturas y de ver En Terapia (TV Pública, de lunes a viernes a las 22.30) me puse a pensar sobre la incondicionalidad de las personas y sobre la mía hacia los demás.
Creo que todos - en mayor o menor medida - sabemos que es o cómo se define ser incondicional. Pero pienso que esa elección (de serlo o no) es o tiene un juego íntimo y complejo: por un lado el que recibe ayuda, compañía, cariño (o lo que sea) se siente agradecido e incluso con ánimo de retribuir ese sentimiento. Pero ¿qué pasa cuando  elegimos dejar de ser incondicionales? O ¿qué pasa cuando esa persona que nos parecía incondicional deja de serlo? Y en tal caso, cuando sucede, ¿por qué lo tomamos como una traición?
Uno piensa que el sentimiento no cambió, que incluso uno sigue siendo esa misma persona que: estaba, bancaba, soportaba, callaba, acompañaba pero a los ojos del otro, uno es simplemente, otro. Aquel que no entiende, que no comprende más, que no acepta o que simplemente dejó de ser. El gran interrogante que me surge es preguntar o mejor, entender ¿por qué? ¿a qué se debe?

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