viernes, 15 de junio de 2012

Cuando me tengas

Aunque no los tenga, yo pienso en los hijos, mejor dicho en los míos. Pienso en la mirada siempre ávida de un niño que no conoce mayores ambiciones que su taza de leche y su oso preferido. Pienso en qué cosas enseñarle, en que canciones ponerle cuando esté en mi panza, en como llamarlo o llamarla y también en su apodo. Me gusta imaginar como será su cara, sus gustos o tal vez como decorará su dormitorio cuando sea grande o cómo serán sus dibujos. Me gusta imaginar que mi hijo/a tendrá una profesión (sea cual sea) y cuando la elija veré como conecto con esa elección. También me gusta pensar en cómo será su sonrisa, sus ojos, sus palabras o cuál será la primera que nos diga. Pienso en las millones de noches en las que pasaré leyéndole un libro o que quizás me anime y le escriba un libro exclusivo para él/ella. También imagino cuál será su color preferido, su canción más escuchada, su equipo de fútbol, su pasión en la vida, sus ganas. ¿Y si tuviera la suerte de que sea artista? ¿Y si encima, le gustara como a mí leer a...Pizarnik - o admirara la obra de Salvador Dalí? Esas son ambiciones que no son fundamentales pero que si sucedieran serían sencillamente increíbles...

Por lo pronto, aunque no tenga hijos sigo pensando en lo mucho que me gustaría ser mamá, y llegar a su habitación, y cantarle y arroparlo/a. También me veo con él o ella en mis brazos, camino a la plaza, haciéndole un regalo, enseñándole aquellos valores que para mí son fundamentales, riéndonos juntos/as. Y mientras tanto, termino este texto y pienso ¿cuánto faltará? ¿cuándo llegará mi Marcos o mi Victoria, o quizás - con suerte - ambos? La vida es bella y sé que en el momento menos pensado, llegarán.

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