sábado, 19 de noviembre de 2011

Condena y absolución literaria: Flaubert y Baudelaire


"Y otras, cuyas gargantas lucen escapularios,
Que, un látigo ocultando bajo sus largas ropas,
Mezclan en las sombrías y solitarias noches,
La espuma del placer con el llanto del suplicio."

El párrafo anterior pertenece a Las Flores del Mal, de Charles Baudelaire. Es parte del poema Mujeres Condenadas, uno de los textos que utilizaron en 1857 para acusarlo y condenarlo por ser ofensivo a la moral pública y a las buenas costumbres francesas.
300 francos y el recorte de algunos poemas en su libro fueron la condena para Baudelaire pero lo que más le molestó fue que digan que sus textos - según la sentencia - conducían a la excitación de los sentidos mediante un realismo grosero y ofensivo para el público.
Ya en 1857 se hace una distinción entre narrativa y poesía que marca una importante diferencia para el tribunal. Ese mismo año también es enjuiciado el escritor Gustave Flaubert, por razones casi idénticas o muy similares a las del escritor de Los Paraísos Artificiales. En el caso de Flaubert, todo se dirimió a partir de su novela Madame Bovary que cuenta la historia de una jóven campesina que aburrida por su vida matrimonial, se ve envuelta en adulterio, infidelidades y una fuerte neurosis que luego derivan en su suicidio.
Si bien los argumentos son similares, y los abogados de ambas partes sostuvieron a fondo sus fundamentos, Flaubert fue absuelto y Baudelaire condenado. La diferencia que encontraron fue que la poesía podía ligarse a un relato verídico e incluso ser más verosímil que cualquier otro relato y en cambio la ficción era producto de especulaciones, imaginaciones y aunque pudiera ser muy real, no dejaba de ser un texto inventado.
El tribunal jamás comprendió la idea de que autor y narrador son dos cosas distintas. De que condenar a un hombre por su literatura es- por lo menos - injusto y de que el placer de la escritura reside justamente en incomodar, hacer cosquillas y en gran medida, provocar.
Pensar que en la actualidad sucediera algo así está lejos de toda discusión viable (por suerte) pero recordar hechos como estos abre una valoración extra a los que decidimos formar parte del mundo literario.

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