martes, 20 de septiembre de 2011

Fabiana y Juan


Estaba acostada, temía del ruido de los placeres.
Ella estaba en la esquina de la cama, en el borde, casi cayendo.
Él estaba acostado, con el pecho desnudo, intentando no mirarla al hablar.
Ella se dió cuenta de su desaire, intentó entonces conquistarlo como una niña que juega a ser mujer por un rato, pero nada tenía sentido. Ya todo estaba demasiado roto.
Pasaron cinco miuntos, y Fabiana decidió besarlo, se acercó hasta él y le dió un beso tímido pero lleno de amor. Él la miró con los ojos abiertos todo el tiempo, ni un gesto ni un beso cambiarían nada, Juan estaba demasiado cansado.
Pasaron unos minutos más y luego Juan decidió irse. Se puso la ropa, levantó sus cosas del suelo y se marchó.
Sin decir ni una palabra, cerró la puerta. Una triste sonrisa salió de Fabiana, casi sin pensar.
Dos meses después Juan volvió a buscarla pero ella ya estaba demasiado lejos.

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