miércoles, 27 de julio de 2011

Oliverio y Ana


Lamía el pedestal con los mismos nudos de siempre. Él sólo producía gemidos y contracciones de excitación. El péndulo giró en torno a sus labios.
La calesita giraba dentro de su garganta hasta ahorcarla.
Abrió las piernas y comenzó a devorar su sexo sediento. La dama que poco sabe de silencios, interrumpió la mirada con la lengua, mordiendo los labios de su hombre. El pudor de las piernas lo atraían como imán. Lejos e inmóvil lo atrapaba.
La rosa paciencia ardiendo en tempestades.
Es el morbo lo que da aliento a sus miradas. El morbo oscuro de lamerse mutuamente sobre sí mismos hasta bifurcarse.
- Que se pegue mi lengua en tu cuerpo pero para siempre! gritó Oliverio rendido.
- Ningún espasmo es para siempre, a menos que los dos sepamos volar, retrucó Ana.
La cama nublada, las sábanas enfermas de fluidos y sudores, la poca luz que entraba por la ventana los encontró desnudos y entrelazados.
Una gota de amor los invadió repentinamente, pero sólo Oliverio sabía cuan duras eran las dagas del adiós en cualquier despedida.

Texto inspirado en el amor, pero también en la película El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela. La foto que acompaña es una captura del film.

1 comentario:

peregrinopurpura dijo...

Me gustó mucho, pese a que en su momento no me gustó la película.
Besos!!