jueves, 10 de marzo de 2011

658 - Alejandra y el mar.


Ella hablaba principalmente de sus dos Alejandras en una.
Del combo misterioso que rodeaba sus pensamientos a la hora de afrontar la realidad.
De lo pesado que era sostenerse en una nube de realidad, sin sumirse profundamente en la depresión de la soledad y de las carencias afectivas que la torturaron desde su infancia.
Las relaciones con sus grupos sociales oscilaban entre la falsedad y la complacencia, sonrisas y caritas simpáticas, una salida cada tanto y fin del asunto.
Sus amores, eran como huellas en la playa. La marcaban en cada centímetro de piel, pero fácilmente los olvidaba.
Algunos, la podrían tildar de frívola, ya que pretendía entre sus fantasías tener una especie de cabaret de hombres para mujeres artístas o bohemias. Alejandra, incluso veía el cuerpo del hombre como un esparcimiento y entretenimiento o lo que ella misma decía "un lindo lugar para pasar el rato".
Pero lo que a ella especialmente la preocupaba, era encontrar los ojos y la mirada de un solo hombre. Ese que la tenía atrapada y entre lamentos. Ese, que negaba sus ojos rotundamente, quizás no por desprecio, sino por miedo o estupidez. Él no veía a la Alejandra alma, tierna, llena de hermosos sentimientos, dulce, niña. Él, veía lo que viron todos, una Alejandra desequilibrada, perdida, solitaria, apagada y frívola.
Nadie supo ver, aquella mirada tierna sobre el mar. Aquella niña dulce que sólo quería vivir y amar. Ella es el mar que adoraba, mar que la supo tragar hasta convertirse en ella.

1 comentario:

Anónimo dijo...

que lindo texto, Angie.
Reflejaste muy bien lo que era alejandra a mi entender tambien
saludos
B.