martes, 28 de diciembre de 2010

Fin de año

No hay palabras mágicas ni solubles en agua,
No hay medicina exacta para algunos malestares del pensamiento,
Lejos están los tontos "peros" y los cálidos "deseos de buen año" cuando llega el mes de Junio.
Lejos, en otra atmósfera, los falsos abrazos navideños con conocidos hipócritas que no conocen mi verdad.

No debería haber
dos millones de oraciones vía mail que confirmen el espíritu de la navidad,
de los buenos deseos, de los inventados árboles de navidad,
de la rosca y el pan dulce de champagne.

Tendría que haber un sincero beso en el trono de la verdad.
Que sobren las palabras y motivos para brindar,
que no sea 24 o 31 el número ideal.

Lejos de la sordera del tiempo,
ansiando proyectos, paz y libertad.
Lejos de los disturbios del cuerpo,
ansiando momentos de intensa felicidad.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Desencuentro


Ella corría por los pasillos de la estación. El con su maletín y sus auriculares sólo observaba el panorama. Los dos miraron el reloj en el mismo momento en que frenaba el tren.
Unos minutos después, Laura dejó de correr para siempre.
Joaquín encerró sus ojos en una eterna mirada. Era la mañana de abril más cálida y feliz que había tenido en años.
Los dos dijeron todo. Los dos festejaron con una mueca en los labios.
Se subieron juntos, pretendían que el viaje fuera eterno.
Ella le pidió compañía hasta Ramos Mejía, pero el se bajó una estación más tarde.

Palabras

Hace días que no encuentro las palabras.
Creo que las perdí en algún diccionario durante la madrugada, o tal vez las dejé escondidas en el cajón de la mesa de luz.
Ayer, pensé un largo rato en ellas. No las podía encontrar por ningún lado.
Revisé incluso en libros y estantes de la biblioteca y nada.
Hace días que no encuentro las palabras y hoy por fin decidieron volver.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Marina


Vuelvo al cuerpo tendido de Marina,
con sus ojos pálidos y su tormenta a cuestas.
Vuelvo a ella, como una herida abierta intoxicando el mar con sangre,
con el castillo de sus ojos envuelto en muerte.

Vuelvo a ella, fría, pasiva, quieta.
A sus manos de oro congeladas de ausencia.
a su tercio de sueños derribando muros en el cielo.
a su esencia muda, a su presencia quieta.


Voy a ella, a su encuentro.
A decirle eternamente que fue la mejor de todas las madres.
Que su tempestad no fue en vano en esta vida,
que la llovizna derramada por sus ojos tiene sentido.


Vuelvo a ella, a la Marina del mar que descanza sobre mí
a su cuerpo ya sin vida que me nubla los ojos siempre.
A sus ganas de vivir, a su fuerza, a su lucha por seguir junto a nosotros.

Vuelvo y ya no revolveré más: los cajones están cerrados y como tumbas de sal, debo decantar con el tiempo este dolor que ahoga mi pecho y lo envuelve en su río.


Mi querida madre, mi querida luz
algún día podre decirte a los ojos cuanto te amo y cuanto te necesito.
Algún día las dos seremos chispa de fuego infinito, ceniza de olvido y gotas de lluvia entre las flores.

La imagen es una foto de mi infancia, donde estoy junto a mi madre.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Noche de sueños

Alborotada, enamorada
con la lluvia a cuestas y el sol por delante.
Una bicicleta me lleva a ninguna parte y un par de besos mudos hay atados al rodar.
Un noche más donde el verdugo aclama su destino,
donde lo que se fue del pasado se hace olvido y me encierro en el colchón de siempre a soñar.
Pesadillas menos, sueños más y el silencio del espejo no me deja mentir.

martes, 7 de diciembre de 2010

Decir adiós

Lo que sangra cuando pasa,
la dulce gota de vino del final.
La herida, como un crimen en la piel,
el tiempo que se derrama por las manzanas de las luces.

El aire que no exhalamos más,
la calma que no supimos retener.
El cielo entre abierto por tus ojos
y mil noches en tu boca sin morder.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Reir para brillar


Fueron suyos los ojos del infierno y no capté un atardecer más ensordecedor.
Su lengua temblaba por mi cuello y hubo un momento de distracción inevitable.
Sus manos envolvían mis pechos, la dulce sombra en la pared de la desesperación.
Nos mordimos el olvido, nos cruzamos nadando cada mar
aceptamos las heridas como propias y desnudos comenzamos a brillar.
Un rato después, estabamos revelandonos enteros, sabiendo que las asimetrías se atraían por su dolor.
No hubo huella desteñida, no hubo llanto ni fatalidad.
Sus dos dulces ojos, curaron mis heridas y supimos reír hasta poder brillar.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Encajonado

No creí que fueras el indicado.
No creí en tu amor.
No acepté las fuerzas de tu alma por ahorcarme.
No supe complacer tu paraíso cruel.
No me arrastré por tu memoria.
No temí decirte adiós.

Sólo sé que perderte fue encontrarme y en el cajón del pasado quedarás desvanecido.
Las sombras que dejaste se marcharon.
Hoy suplico a mi presente no cruzarte en los pasillos del jardín.

Luis


Le pregunté a Luis que le ocurría. Su mirada era tan pálida que asustaba.
Una mueca de desolación rodeaba su boca.
Quietos en el banco del colegio, hablamos con la mirada.
Luis estaba mudo, un segundo después me abrazó hasta apretarme las costillas.
El ruido de los árboles apagaba nuestro silencio.
Pasó una semana y supe de él nuevamente.
Hablé con su mamá pues no entendía este alejamiento entre nosotros.
Supe ahí que Luis estaba muy enfermo y su enfermedad corrió por mis venas también.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Nicolás

Húmedos y con dos gotas de perfume.
Sus dedos suaves como algodones.
Su pecho firme y su espalda es como un océano transparente.

Sus lunares en la cara son pequeñas pintitas de cielo.
Su voz inmensa y dulce al decirme en el oído te quiero.
Su suave mirada de niño, su reveldía inmoral en las manos.

Despacio. Muy lento.
Analizando cada diferencia del cuerpo en la propia.
Buscando simetrías para permanecer.

Duermo. Duerme.
Sus manos rodean mis hombros, cierro los ojos para soñarlo.
Caigo en la tentación de nuevo.

Sueños enteros


No soy de las mujeres que buscaron el príncipe azul.
Tampoco de las que soñaron con arropar un bebé y llevarlo a pasear por la plaza.
Nunca admiré las tareas de la casa. Me gusta cocinar por placer y es la única tarea del hogar que prefiero. Aunque ordenar también tiene un cierto encanto, más que nada para revolver cajones viejos...
No me gusta el falso protocolo, la cena romántica con velas, los gestos complacientes de falsa sinceridad y mucho menos la media sonrisa que pretende engañar.
No soy de las mujeres que dejan todo para complacer al marido.
Tampoco de las que necesitan revivir reconciliaciones de mil horas de amor en la alcoba.
Hoy, nada de eso es activo en mi vida, y sin embargo, sigo siendo la misma que no sueña con nada de todo aquello, pero que alguna vez imaginó por dos segundos que todo aquello podría pasar.
¿Cuál de todas mis versiones soy?
La Alejandra poética, la caprichosa, la femme, la que prefiere la soledad, la social y espléndida, la que quiere pintar y ser grande como el genio Dalí, la joven actriz o simplemente soy yo que quiero ser todas en mí...