martes, 28 de septiembre de 2010

Regresar

Se purificarán los ojos,
se empañará el olvido,
se irán con el ruido los últimos fragmentos de tu voz

Se irán los veranos,
las hojas de otoño despegarán al suelo de la aurora,
las flores ardientes de primavera darán su perfume sin fin,
y los disparos de poesías invadirán a mi alma quieta.

Todo eso pasará y nada más, pasará hasta que regreses a mí.

Diálogos terapéuticos I


Mi psicóloga dice que soy muy joven para enojarme. Que tengo que relajarme más y no tomarme todo tan a pecho. Yo pienso y le dije, que cuando tenga 80 años voy a ser muy vieja para enojarme, que por ende no hay una edad para enojarse más o menos.
Y si, le contesté, me tomo todo muy a pecho porque no encuentro otra manera, me involucro con las cosas que circulan cerca mío, no puedo evitarlo.
Sí estoy de acuerdo en la relajación. Aumentaré mis baños de inmersión, dosis de sahumerios y de una copa de vino. De caminar sin rumbo buscando los mejores pensamientos, de hacer yoga o alguna actividad que me lleve a relajarme.
No hay fórmulas ni tiempo para tantos planteos. A los 15, a los 23 o a los 50 me enojaré de la misma forma que hoy, aunque incluso con más fundamentos.
Tampoco hay fórmulas mágicas anti-enojo o anti-tomarse a pecho las cosas, pero intentaré buscar las mil gamas de grises que ella me propone que encuentre.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Grises

La gama de los grises, tarda en llegar. No retrocedo, y trato de entender.
A veces siento que los colores que se disparan por mi mente podrán traer algún acierto, que no es invisible el agotamiento de mis ojos, que puedo.
A veces creo, que aunque ponga miles de esperanzas, las cosas no sucederán.
La gama de los grises tarda en llegar y hace difícil la espera.
El tiempo no presiona más mi alma, hoy es el último día para florecer.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Este tiempo

El refugio de la luz, en cada una de las luciérnagas,
la constante ansiedad por la necesidad de besarte,
la calma, el abrigo.

Lo cálido de tus ojos, tu sonrisa inquieta
tus manos que circulan dulcemente por mi espalda,
donde la llama de amor se volvió a encender hace un tiempo.

De tus ojos y tu piel no espero nada más que sinceridad,
no pretendo tenerte por siempre, es ambicioso ese deseo, pero quiero que este tiempo juntos (el que sea) estemos así, sonriendo, mimándonos, contentos.
Radiantes, como encendidos.
Enamorados como fue desde el primer momento.

martes, 7 de septiembre de 2010

Partimos

Me parece que te fuiste, con esa ola que detrás de mí se rompió en las rocas.
Te fuiste con ellos, con cada uno de mis miedos que dijeron adiós.
Con el susurro, el último susurro que le dije a tus oídos.
Con el beso final de la despedida número diez.
Me parece, que te fuiste alborotado
como pidiendo perdon entre dientes.
Como enojado conmigo pero sobre todo con vos.
Te fuiste, por que la puerta no se abrió más con tu presencia,
porque la palma de tu mano, aún tiembla en mi mejilla.
Te fuiste, y me fui de vos.

Hasta ahora


Enamorarse hasta que arda. Hasta que te quedes por siempre.
Hasta que los huesos pronuncien tu nombre
y las orquídeas nos deslumbren cada mañana.

Enamorarse hasta que sea real. Hasta que te quedes por siempre.
Hasta que la piel se cruze en cada centímetro del cuerpo
y las caricias no sean olvidadas en el tiempo.

Enamorarse hasta amar. Hasta que te quedes por siempre.
Hasta que no nos rindamos y juntos podamos acompañarnos.
Y las rosas huelan siempre a rosas fieles y sinceras.

Hasta que, todo eso. Suceda, estoy aquí.

Y si...


La gran capacidad, la irremediable capacidad para hacerme daño.
Como si tal cosa no existiera, como si ese hombre, aquel hombre, no fuera una variante presente del recuerdo. Como si aquello que decíamos en la plaza de la muerte no hubiera sido cierto. Como si, de golpe, una vez más, todos los años se volvieran por un truco de magia, a convertir en cemento endeble.
Como si aquella sombra no molestara más. Como si la irremediable capacidad convierta el barro en oro, como si hubiera un hasta luego eternamente real y siempre volvamos a mirar los ojos del pasado en los nuevos pulsos del cuerpo.
Pero nada de eso sucede. Ni voz, ni besos, ni pulso. Y la muerte acorralando...

viernes, 3 de septiembre de 2010

Adiós, Juan


Es la última vez que lo vi. Llevaba el saco de pana que tanto le gustaba usar.
El único recuerdo material que más inmediato tenía, fue su pañuelo de bolsillo, un día antes, me lo había prestado y yo le prometí lavarlo pero no tuve tiempo de devolverselo.
Era un día gris, como todos los demás. La tormenta no terminó de romper las calles y los paraguas.
Una café en el bar de siempre, y mi hermano estaría listo para irse.
Unos ladrones ingresaron al local y sin mediar palabra le dispararon tres tiros en el pecho.
Mataron a mi hijo, le sacaron la vida, lloraba mi mamá cerca del ataúd. Mi papá desconsolado, miraba a unos metros la escena junto a mí. Acudimos a un abrazo, nada era suficiente para serenar el dolor.
Supe después que unas horas antes, mi hermano Juan fue hasta mi casa a contarles a mis papás una noticia: iban a ser abuelos...

Manto


Qué me habrá costado
Estar tantas noches como hoy, fusilada
Esperando en el cordón de la vereda
Que vuelvas de un suspiro
Y te lleves todo lo vivido, de una vez.

Ya nada agota el tiempo
Y la espera que ahora siento me disuelve el alma
El placer de haberte tenido se conserva en refugios
Y el cielo ya no despeja, por vos, nunca más.

Un cielo roto
Una copa volcada
Dos heridas más, y al tonto se lo llevó la vida.


El dolor de la fiebre, queriendo salir.
No puedo sino es por vos,
No puedo sino es por mí.
Estrellita mía, carnaval de sangre
Volverás a mí y tendré que perdonarte una vez más.

El cielo ya está roto
La copa se volcó.
Dos heridas más, y al tonto se lo llevó la vida.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Ella

Y al final, nos volvemos humo.
Ella está sentada en una vieja escalera de madera crujiente y detestable.
Sus huesos hinchados, no la dejaron dormir.
Minutos antes, se destapó de las sábanas y se hundió en el piso como un pie en la arena.
Saltó sigilosa, derramó su vista en el reloj y apenas eran las 3 de la mañana.
Un suspiro la aquejó. Se puso un pulover de lana que hacía cinco años le había tejido su mamá.
De pie finalmente, decidió irse de a poco, como el viento.
Tomó su cuaderno de frases y recuerdos, tímida abrió las hojas de mares y tempestades.
Todo lo pasado, vuelto cenizas. "Y al final, nos volvemos humo entre tanta espuma y gente".
La sensación era imposible, el cuerpo permanecía quieto y pálido.
La joven mujer, estaba a punto de respirar por última vez.
Tomó su jugo de naranja con alivio, buscó un revolver en el antiguo cajón del escritorio de su padre, y disparó.
Hacía rato debía estar allí, en la eternidad, sonriendo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Bermellón


Algunos remordimientos quedaron en una caja roja. El color me recuerda por un lado al amor y la pasión de esos momentos y por otro lado es un rojo bermellón de alerta. Signo y punto clave del pasado.
Ya todo no se puede, el camino que desarmé fue armado por otros. Cada uno con su mundo interno interrumpido, con sus ideas débiles y gordas. La historia es más simple, pero el dolor es más profundo.
Ya no puedo borrar ni para siempre ni para ahora todo lo que me aqueja. Pero, debo tomar las riendas (las pocas) riendas que no perdí y quedan. Más allá de estos momentos, quiero entender que es como alguna vez dijeron: un lazo más fuerte e indestructible.
¿Cómo formo de nuevo eso? ¿Cómo dejo atrás lo que fuí?. Creo que no valoran lo que soy y si acaso así fuera, ¿qué demuestro ser?.
Algunos remordimientos quedan en la caja roja. Otros, son alertas al andar.