viernes, 30 de julio de 2010

Atómos y mar


Como si hubiera distancias que alcanzar. Como si hubiera algo que seguir.
Como si todos los átomos del mundo se concentraran para que algo suceda.
El tiempo es hoy.
Mañana ya es pasado.


El mar.

El mar entiende de estas cosas.

Gotas de lluvia


Detestamos la lluvia quizás por que no podemos quedarnos en casa, mirando una peli o leyendo un libro en la cama.
¿Y por eso se ganó nuestro odio la diosa de las lágrimas de cristal?. Quizás por no poder beber infinidades de gotas de ella, por no poder tocarla ni tenerla fija en nuestras manos.
Odiamos a la lluvia por que nos despeina ¿ y qué mejor que despeinarnos en esta vida? ¿De qué sirve tener el pelo perfectamente prolijo?.
Odiamos a la lluvia porque viene cuando quiere y no podemos anticiparnos a ella cubriendo con plásticos inmensos el techo de las casas. La odiamos, porque no podemos como ella, ir y venir cuando queremos.

jueves, 29 de julio de 2010

[ esa sonrisa es, fue y será mi perdición ]

Sexo sin amor


No se por qué algunos hombres piensan que haber tenido sexo con una mujer es tan equivalente a tener el derecho de decir o hacer cualquier cosa sobre o con ella.
Tener sexo con una mujer no implica que la caradurez pueda comenzar. Que los besos robados están bien. Que proponer viajes inexistentes es lógico y mucho menos arrepentirse sistemáticamente de todo, volviendo al pasado como recurso.
Tener sexo con un hombre, tampoco implica estar disponible como un soldado para ayudarlo, aceptar una cerveza, prestarle un libro y mucho menos, aportar dosis de indignación ante un simple saludo.
Tener sexo sólo implica tenerlo. Hacer el amor es un ritual que pocos saben lograr.

Agonía relajada


Palabras no dichas a tiempo. Distancia. Celos. Envidia. Miedo.
Dolores que no cicatrizaron. Heridas aún con sal. Tumbas abiertas de viejos cadáveres amigos.
Destierro. Deseo.
La nube pasa sobre el cielo como una brisa fantástica y única.
Los nichos del amor se cierran. Los pimpollos desean arder en el fuego mismo de la flor.
Caminata. Desierto.
Agonía relajada. Pies. Piel y algo más.
La lluvia que no cesa. Lejos. Invierno muerto.
Hoy.

miércoles, 28 de julio de 2010

De nuevo al nuevo


Desterrando la soberbia de la idea del árbol plantado, del casamiento con vestido blanco, de lo azul y lo prestado.
Desterrando de a poco los miedos que nacieron en mi cuna y los prejuicios morales que producen ciertos actos.
Intentando no ver las cosas como eternas, como si se cumpliera el final de los cuentos y seamos felices por siempre.
Nada rosa en el camino, ni rosas que oler mientras preparo un puchero.
En nada de eso creo, ni nada de eso me pertenece.
Ahora paseo en velero, revolviendo a cucharadas el mar del desierto armando viajes en mis sueños, construyendo escritos que valen más que cualquier tesoro.
Proyectando en el cielo, las coordenadas posibles del encuentro conmigo.
Ideando, leyendo, pensando. De nuevo al nuevo mundo de mí.
Y todo eso mañana empieza otra vez y termina en el capítulo tres, con Nietzsche llorando.

Como si...


Como si fuera cierto. Como si todos hiciéramos lo mismo a diario.
La realidad de hoy es esta, y mañana cambió toda la perspectiva y giramos y no sabemos dónde estamos.
Como si los años fueran eternos, y no pasara el reloj biológico o de la mente, que aún escondida simplifica mucho de lo que somos.
Los nostalgias que se hunden en los minutos, apagan de a poco las luces del alma.
Y una lluvia de centenos, cae, sobre nosotros mismos. Avisando que el tiempo no cura nada y la sal no decanta si no es por nuestro alivio.

lunes, 26 de julio de 2010

A destiempo

No fuiste ni sos el único, quizás por eso se quiebre tu ego. Demasiadas primaveras pasaron por este cielo como para creer que aún sos dueño de este tesoro que dejaste pasar.
No te juzgo ni te comparo, entonces dejá de hacerlo.
“No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, era la frase con la que solías rematar mis planteos. Hoy, esa misma pintura recorre mis pensamientos hacia vos. No intentes acaparar mi atención una vez más, tarde pronunciaste las palabras que jamás dijiste. Tarde posaste tu mirada –y no tus ojos- en mí.

Fusión motivada


El sexo de los dos se fusiona. La piel perfectamente incompleta, los brazos como los de un Dios en su hoguera, quemándose de placer encantador.
Las manos, destilando perfumes inquietos de pliegues incontables.
Se extiende el deseo en la boca. Succión. Acierto y destino inquieto.
Los ojos miran el placer gemir desde abajo, el abismo corporal nos sostiene.
Las pupilas oprimen el beso hasta expandirlo por el cuerpo. Sístole.
El pecho buscando encajar en los pechos. Curvas.
El roce de la piel desnuda en el cuello, se mezclan olores, sensaciones y distancias.
Lo efímero se vuelve eterno, chocan los sexos, eternidad.
Los besos tienen sabor a nosotros. La piel pide estallar.
Se estiran los labios, se reprime un segundo y se expande por la vía láctea todo el caudal de nuestra intimidad.
Besos derramándose, caen felices para siempre.
El sexo de los dos se fusiona. Se comprime. Somos felices en este y todos los segundos que vendrán.

sábado, 24 de julio de 2010

Pueden-puedo

Si las cosas fueron así es porque vos quisiste que así sean.
Durante las largas charlas que teníamos, casi analizando la vida de los dos al mismo momento, tuvimos que entender que todo eso quedó en algún lado, siendo, esperando.
Tuvimos que entender que nada que ver teníamos, ni el presente, ni el pasado.
Nada fue un error, nada fue un acierto.
Las sombras que el cuerpo dejó, fueron fantasmas que se evaporaron.
Hoy, no mendigo más tu amor y vos no intentas estar a mi altura que siempre te pareció abismal e inalcanzable.
Como todos, se hace lo que se puede, resumió mi psicóloga ayer. Y yo creo que se puede un poco más también.

viernes, 23 de julio de 2010

Él. Bello y único. Él.


Dediqué la noche a hundir mis dedos por tus pliegues.
Intenté hacer meditar tu figura hasta enloquecernos. Besándo cada partecita inquieta de tu cuerpo.
Buscando la manera de decirte con cada caricia, las dos millones de formas que siento mi corazón lleno de vos.
Tratando de ser dulce, delicada y sincera en mis gestos, pasional, divertida y enérgica. Siendo lo que soy por sentimiento, por pureza y amor. Y vos, tan perfecto, bello y único que a veces siento que sos un sueño y no quiero despertarme de esto, jamás.
Esperando impaciente que vuelvas, y que nuestro abrazo sea eterno.
Queriendo que este momento se congele y pueda gritarle al viento que ya no sufriré más, porque vos estarás siempre conmigo.
Queriendo quererte cada día más, y llenar mis pulmones de tu aire. Y envolverme ahí, chiquita...entre tus brazos de hierro y diamante. Entre tus ojos café y de esperanza. Entre la delicia de esos labios carnosos que saben al gusto del amor.

jueves, 22 de julio de 2010

Ya.


"Con nada que ocultar, con todo por delante" dice Sabina en una de sus tantas canciones que periódicamente me hacen reflexionar.
Muchas de las cosas en las que me cuesta creer, avanzan poco a poco y me convencen sólo por existir desde su carácter amigable.
Desconfío de la vida, dice una vieja canción y yo desconfío de mi sombra, por si acaso pero esta vez con la seguridad de no querer dañar ningún lazo, ningún yo suelto en boca de los demás.
Pero desde el vaivén y los glaciares, acude mi imagen a su sombra pura. A lo más escondido de mi mente, de lo más sencillo y simple a la delicia de ser yo.
El corazón se mantiene intacto, limpio y feliz. Y lo demás, es lo demás.

Hechizo


"Esperando el tiempo, el paraíso se rompe", le dijo el mago que apareció en los sueños de Catalina.
Un minuto antes, estaba saltando en un campo verde minado de besos.
La niña del vestido azul aclamaba a gritos un nuevo viaje en la órbita lunar más cercana.
Cerca de la estación, un búho le advirtió que no se arriesgara.
El mago llegó, y deshizo el hechizo.

miércoles, 21 de julio de 2010

Levitar


Se supone que no debo. Se supone que no.
Que la calma que pide el cuerpo llega con el sudor del sol.
Que tengo que dejar de ver únicamente que los deseos más íntimos de estar bien se convierten en espinas que queman las manos.
Nada aclara. Nada.
Y parece una mentira, toda la verdad que veo.
Que el cariño es sólo pasajero, que como dicen algunos "todo es un momento".
Esperando que aclare, temiendo del después.
Queriéndome desprender de todas las sogas que me ahogaron.
Levitando en este mar, allí estoy.

martes, 20 de julio de 2010

Histeria y Desesperación


Estoy leyendo "El día que Nietzche lloró" de Yalom, en donde el escritor de la novela, aborda una temática recurrente sobre la supuesta desesperación que padecía el filósofo aleman y los primeros signos visibles de la histeria.
Entendí que la histeria genera afecciones en el cuerpo, pequeñas descargas energéticas sobre alguna extremidad del los brazos, cuello o piernas (por poner un ejemplo). Sin embargo, la desesperación es un estado netamente emocional que no provoca ningún mal estar corporal.
Rara comparativa, se podría decir entonces que la histeria es algo a curar y la desesperación no.
Aunque yo creo que en realidad, toda emoción conlleva alguna reacción en el cuerpo, sin ir más lejos la ansiedad genera nervios que en el estómago son dolores de panza moribundos y últimos, por ejemplificar, y en definitiva, me desespera la histeria, en otro punto, pero me desespera.

La imagen es Lou Andreas Salomé (escritora, amiga y acompañante psicoanalitica de diversos escritores y artístas de finales del siglo XIX) - Paul Ree (filósofo alemán) y Friedrich Nietzche.

lunes, 19 de julio de 2010

[ Debés estar preparado para arder en tu propio fuego: ¿cómo podrías renacer sin haberte convertido en cenizas? ] F.N -*

sábado, 17 de julio de 2010

Motor del cielo


Es fácil no hacernos cargo de las cosas, es fácil postergar los deseos y el tiempo.
Hasta es necesario, diría.
Planeamos los días como hojas al viento, como cosas que realmente pasarán de una sola manera, sin darnos cuenta de que nada, absolutamente nada es estático. La energía transforma millones de células que todo el tiempo evolucionan en nuestro reloj universal.
Nada es así por nada, las cosas suceden por algo, son de una manera pero también cambian al ser, lo estático es mentira. El destino no existe, el tiempo, el mañana. El único motor del cielo es el presente, este instante, ahora.

viernes, 16 de julio de 2010

Adeptos exiliados


Por un lado se piden "participantes activos", "adeptos". Por otro lado, se censura sin medir su consecuencia de ello. Se repudia, reprime y obliga inmediatamente a un exilio de lectura.
No puedo permitir tamaña ofensa que en definitiva es absurda. No puedo distenderme y relajarme ante un mal pensamiento de mi persona o tomarme las cosas con "humor".
Ya pasó la suficiente agua debajo del puente para entender que entiendo.
Mejor entrar en la categoría de adeptos exiliados, que deben haber y muchos.
La subestimación es un error. Y el humor no repara daños de ningún tipo.

jueves, 15 de julio de 2010

Ella.


Felicidad Clandestina es un texto de la brasileña Clarice Lispector, a quién estoy empezando a conocer, pero con la que inmediatamente me identifico a la hora de entender, escribir y leer.
Es "largo" pero lo recomiendo y vale la pena.
Desordenada, altanera y combativa, asi parece ser Clarice, cuando la conozca más podré escribir de ella con mayor profundidad.

Felicidad Clandestina

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.

No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.

Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos".

Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.

Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.

Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.

Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.

Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.

Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diábolico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del "día siguiente" iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.

Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.

Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió a fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!

Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras.

¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: "el tiempo que quieras" es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.

¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.

Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire... había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.

A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.



Clarice Lispector


miércoles, 14 de julio de 2010

El saludo


Sueno egoísta o desinteresada, lo sé. Cuando me dicen ¿cómo andas? respondo algo acorde a lo que pienso, quizás un "bien, despertándome" o "acá andamos, bien por suerte, tranquila"(¿por suerte?, tranquila? es ridículo) pero no me sale en seguida preguntar "¿y vos?". Quizás peco de honesta al no querer seguir un dialogo incoherente, que no vale la pena para nada o quizás parezco de esas señoras frívolas que van por la vida sin importarle nada de lo que la rodea.
En tal caso, no me gusta tener diálogos previsibles, y escapo. En tal caso, prefiero ser yo la que primero diga "qué tal tu vida, en qué andas". Quizás todo eso escape formalidades y seamos de humo, como siempre pienso.
Algún día diremos otra cosa y quizás suene mejor, aunque lo nuevo siempre es distinto y suena bien.

Foto: Propia, sacada el domingo.

martes, 13 de julio de 2010

Pasó


Los ex amantes aseguran estar celosos. No advierten de mi felicidad.
Cuestionan reglas y códigos que ya no corren más. Y les digo "no es como antes" y parece que no entienden.
Uno se lleva la medalla de la impunidad, pero detrás de él hay unos cuantos que siguen peleando el segundo puesto.
Todo no se puede, digo yo en mis conversaciones. Lo que pasó, pasó, agrego como si eso fuera algo relevante. Me piden que vuelva, que pruebe un día más, unas horas, un rato y los más románticos hablan de amanecer. ¿Qué te cuesta?, se preguntan y me cuestionan. Y yo les digo: ahora demasiado, no tengo ni las ganas, ni el tiempo ni la necesidad.
Y cuando alguna de esas patas se cae, ya no miro para atrás.
Lo que pasó, pasó.

lunes, 12 de julio de 2010

Hielo


Releyendo un poema de A. Storni, me quedé con una idea.
Durante la vida vamos recaudando un inmenso caudal de hielo, témpanos, inviernos y frío. En diagnósticos, problemas, malestares que nos pesan en la espalda como toneladas de hierro, y sin embargo, la sola llegada de un amor (no hablo de géneros ni personas concretas), alivia todo, da calor y reconforta. Como si, todo ese hielo se derritiera de golpe o de a poco, pero se derritiera.
Como si el sol, por vez primera y última diera sus mejores rayos y calor a nuestra fría alma. Y eso es el amor, si es.

Foto: propia, sacada ayer.

Lo que queda


Lo hecho, hecho está. La misma piedra se puso en mi pie, casi por magia.
No puedo ver el futuro, si no reconozco mis errores.
Creo que la falta de ganas, de motivación vienen del fracaso anterior.
No puedo todo, evidentemente.
El año pasado fue un verdadero desastre y ahora, estoy tratando de armar con vidrios rotos, una imagen entera de mí.
El tiempo dirá, y la fuerza que le ponga a lo que queda, desde ya todo mi empeño y mis ganas irán en la dirección correcta.
El tiempo dirá.

Foto: propia, sacada este sábado

Alfonsina y el mar


Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más.
Un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz,
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro
del mar, la caracola.

Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado;
y los habitantes del agua
van a jugar pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma, nodriza, en paz
y si llama él no le digas que estoy,
dile que Alfonsina no vuelve más,
y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.

Letra: Ariel Ramírez y Felix Luna
Interpretación: Mercedes Sosa en su disco Mujeres Argentinas en 1969

Foto: propia, sacada el sábado a la tarde.

Un sol


Mi corazón es como un dios sin lengua,
Mudo se está a la espera del milagro,
He amado mucho, todo amor fue magro,
Que todo amor lo conocí con mengua.

He amado hasta llorar, hasta morirme.
Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
Pero yo espero algún amor natura
Capaz de renovarme y redimirme.

Amor que fructifique mi desierto
Y me haga brotar ramas sensitivas,
Soy una selva de raíces vivas,
Sólo el follaje suele estarse muerto.

¿En dónde está quien mi deseo alienta?
¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
Vulgar estorbo, pálido follaje
Distinto al tronco fiel que lo alimenta.

¿En dónde está el espíritu sombrío
De cuya opacidad brote la llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
Yo seré incontenible como un río.

¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
Ha de traer su gran verdad sabida...
Hielo y más hielo recogí en la vida:
Yo necesito un sol que me disuelva.

Alfonsina Storni

(Cito su poema, ya que el sábado tuve la suerte de visitar su monumento en Mar del Plata, lugar donde decidiera terminar su vida a los 48 años)

domingo, 11 de julio de 2010

Huellas pisadas


Gente. Gente que al pasar deja su huella invisible por el camino. Que pregunta, que cuestiona, que dice.
Gente de terciopelo, alucinando el futuro lejos. Esperando el momento de huir y seguir camino, andando. Niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos. Todos, caminamos, esperando algo que está ahí, cerquita de la mano. Huellas pisadas del suelo ciego, nudos en los pies del tiempo, convirtiéndose en oro eterno todo el tiempo. ¿Dónde va la gente cuando llueve? dice la vieja canción. Ahí, entonces, caminando, siendo, estando y pidiendo a gritos ser oídos, como yo.

Foto: Propia, sacada esta tarde

jueves, 8 de julio de 2010

Silbando bajito


Escuché su voz a través de la puerta. Cantaba una canción en un tono bajo, casi susurrando al oído.
No lo vi, llegué tarde a la mirilla. Pero sonaba su encantadora voz.
Subió la escalera, abrió la terraza y quitó su ropa del tendedero.
Bajó rápidamente, como un rayo, y allí estaba. Un niño alto, de pelo castaño, sweatter blanco y bordeaux. El mismo que había cruzado desde el piso 7 a planta baja, aquella noche de sábado, en la que muy atento y amable me preguntó mi nombre y yo el suyo (pero lo olvidé). Sólo pude sonreír tímidamente y bajar (el me dio permiso) y abrió la puerta del edificio.
El mismo, creo que le inventé un nombre. Allí estaba. Silbando y cantando, casi al oído.

deseo


"...Es muy egoista de mi parte no reconocer los esfuerzos que hacen las personas que me quieren por quererme, pero hay momentos en los q me siento así...", dije esta mañana en una charla con una gran amiga.
Creo que muchas veces caigo en esta melancolía de ver todo negativo, de verme fracasar y hace días, (por no decir meses) que tengo esa idea.
Espero que el agua del mar, el cambio de aire, el hacer lo que quiero estos tres días me devuelvan el eje.
Me di golpes irreparables, inmensos que están y siguen sangrando.
Espero ver como decanta la sal que sobra del mar...

Pasado y despedida


Vino el escalón de la virtud,
tras el tropiezo de los pies en la derrota.
Vino de lejos la mancha en la espalda del mar,
que las cinco no son más que las horas del aroma,
de la piel que me provoca, las únicas ganas de volar.

Del empañado vidrio que me come la ropa
sonaron las campanas del otoño del "nunca pido perdón"
dejó en su olvido y pasó el cuatro de copas
y hubo un sabio que aún preso, me dijo sin hablar hasta siempre y adiós.

miércoles, 7 de julio de 2010

Impenetrable


Lo peor de los después son el antes, de tu alma que apaisada por el tiempo fue convirtiendose en tormenta.
Que de la lluvia que deriva el cielo inquieto de los besos, se desprende este momento oscuro y pálido a la vez.
¿Cómo? desde hace casi nueve meses, este corazón tan ultrajado se ha convertido en un túnel impenetrable.
Que tu sonrisa sea clara, que tu cielo sea sereno, diría Dostoievski.-
Te digo adiós, y adiós para siempre.

martes, 6 de julio de 2010

Interrogantes virtuales con salida de auxilio


Ayer en un momento sentí que me desvanecía como un chocolate derretido, como un helado cayendose del cucurucho, como los relojes de Dalí que persisten en mi memoria.
Ayer, las noticias no fueron buenas, sino más bien desalentadoras.
Tengo varios temas ya para la terapia, pero entre ellos diré el más importante: "no puedo"- PUEDO- "no alcanza".
Tengo el síndrome de la frustración, también diré. Cuando me desanimo, me frustro, me enojo, me frustro. Reivindico mis fuerzas (a veces tarda más o menos tiempo este proceso) y cuando estoy súper motivada me bajan de un hondazo, de hielo y agua congelada, de mierda, de completa mierda entera.
¿Por qué mis tiempos no son los de los demás también?
¿Por qué tengo que sufrir como una condenada lo que para los demás no es un problema?
¿Por qué en el fondo soy tan depresiva?
¿por qué tengo tanto miedo?
¿por qué me pongo tan nerviosa?
A veces quisiera dejar este agónico camino de frustraciones y pérdidas.
Ayer mi profesor de entrevista recomendó leer a Freud, eso haré, buscaré los textos de Duelo y veré que pasa, a ver si puedo resolver todos los duelos pendientes y luchar.
Mientras tanto pienso dos cosas: Todo pasa y esto también pasará.
Quizás el piano de danza clásica me serene, me calme y me deje pensar sin todos estos interrogantes.
Quizás el viaje del fin de semana me devuelva el aire que necesito.
Estoy harta ya, de soportar frustraciones insostenibles.
Como una soga en el cuello, como el perro andaluz que perdido viajó por Madrid hasta París, como la fatiga de la luna opacada por el sol, por todos estos años de perdón.
Por todo eso, lucharé.

lunes, 5 de julio de 2010

Alivio

Decir eso es lo mismo que no decir nada.
Como si no no hubiera suficiente hipocrecía en este mundo acartonado.
Como si de golpe, todo fuera tan complaciente y feliz.

Nada de eso sucede.
Llueve siempre en esta misma baldosa que destiñe mis pies.
Los relojes no se pausan cuando quiero.
Los semáforos no me ayudan a robar besos.

Y todo cuesta un montón, y pesa y es difícil.
Pero el alivio está en esos ojos café, en esa delicia inminente del hoy.

sábado, 3 de julio de 2010

Destino

Quise encontrar la manera de decir palabras al oído sin pronunciarlas.
De cautivar la belleza de tu risa un instante más.
De disfrutarte como si fuera la primera vez.
Y entre tantos deseos que priman desde que te vi, hoy estoy para hacerte feliz.

El amor que siento por vos me moviliza a pensar en presente.
Sos aquello que necesitaba para ser feliz.

jueves, 1 de julio de 2010

Partes

"Para qué vamos a hablar de cosas que ya no existen" dice una canción de Mercedes Sosa, con su peculiar voz de furia y dulzura.
El día como la noche, gris. Noticias malas, malos entendidos y todo queda en la nada misma.
La sensación ya está, la cosa ya pasó.
Decir, no se puede decir nada. Ofensas, muchas.
Y empiezo a cuestionarme roles, potencialidades, hipocrecía.
Una vez me dijeron que mi problema era que pensaba demasiado, al contrario, pienso en los impulsos como motores de problemas.
No se puede todo (y cuando lo escribo, me relajo).
Dios y el diablo no se llevan bien ni van de la mano, habrá que aceptar las diferencias y unir las partes.

La cena


La cena estaba lista. Nos sentamos a comer casi en silencio.
Estaba a punto de degustar el primer bocado cuando un tanto enojado arremetió una pregunta parecida a un misil ¿es cierto que sos infiel?.
El silencio fue absoluto.
Miré la copa de vino, tomé un trago, levanté las cejas - como cuando miento o me sorprendo - y sólo pude decir ¿quién te dijo semejante cosa?.
Él también quedó mudo, supongo que esperaba otra respuesta.
Qué cínica sos, decía mientras revolvía los fideos. "No sos capaz de decirme la verdad", recriminó.
Claro que puedo, le contesté, sólo que me parece inútil hacerlo, ya no tengo motivos si quiera de responderte semejante cosa.
Halagó la cena en forma irónica, se levantó y se acostó diciendo "me das asco"
Lejos está eso de mí, respondí. Claro que te doy asco, nunca te interesé.