viernes, 3 de diciembre de 2010

Reir para brillar


Fueron suyos los ojos del infierno y no capté un atardecer más ensordecedor.
Su lengua temblaba por mi cuello y hubo un momento de distracción inevitable.
Sus manos envolvían mis pechos, la dulce sombra en la pared de la desesperación.
Nos mordimos el olvido, nos cruzamos nadando cada mar
aceptamos las heridas como propias y desnudos comenzamos a brillar.
Un rato después, estabamos revelandonos enteros, sabiendo que las asimetrías se atraían por su dolor.
No hubo huella desteñida, no hubo llanto ni fatalidad.
Sus dos dulces ojos, curaron mis heridas y supimos reír hasta poder brillar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy seductor el texto
ne gusto mucho
gracias por subirlo
espero mas
saludos
jaime

Anónimo dijo...

Muy cerca de Patricio, ese Rey poeta que nos supo mostrar el mundo tal cual atravesado por el amor.
Gran poeta sos.