jueves, 16 de diciembre de 2010

Marina


Vuelvo al cuerpo tendido de Marina,
con sus ojos pálidos y su tormenta a cuestas.
Vuelvo a ella, como una herida abierta intoxicando el mar con sangre,
con el castillo de sus ojos envuelto en muerte.

Vuelvo a ella, fría, pasiva, quieta.
A sus manos de oro congeladas de ausencia.
a su tercio de sueños derribando muros en el cielo.
a su esencia muda, a su presencia quieta.


Voy a ella, a su encuentro.
A decirle eternamente que fue la mejor de todas las madres.
Que su tempestad no fue en vano en esta vida,
que la llovizna derramada por sus ojos tiene sentido.


Vuelvo a ella, a la Marina del mar que descanza sobre mí
a su cuerpo ya sin vida que me nubla los ojos siempre.
A sus ganas de vivir, a su fuerza, a su lucha por seguir junto a nosotros.

Vuelvo y ya no revolveré más: los cajones están cerrados y como tumbas de sal, debo decantar con el tiempo este dolor que ahoga mi pecho y lo envuelve en su río.


Mi querida madre, mi querida luz
algún día podre decirte a los ojos cuanto te amo y cuanto te necesito.
Algún día las dos seremos chispa de fuego infinito, ceniza de olvido y gotas de lluvia entre las flores.

La imagen es una foto de mi infancia, donde estoy junto a mi madre.