jueves, 2 de diciembre de 2010

Luis


Le pregunté a Luis que le ocurría. Su mirada era tan pálida que asustaba.
Una mueca de desolación rodeaba su boca.
Quietos en el banco del colegio, hablamos con la mirada.
Luis estaba mudo, un segundo después me abrazó hasta apretarme las costillas.
El ruido de los árboles apagaba nuestro silencio.
Pasó una semana y supe de él nuevamente.
Hablé con su mamá pues no entendía este alejamiento entre nosotros.
Supe ahí que Luis estaba muy enfermo y su enfermedad corrió por mis venas también.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy lindo!!!!!
Saludos!!!!

E.R