jueves, 2 de septiembre de 2010

Ella

Y al final, nos volvemos humo.
Ella está sentada en una vieja escalera de madera crujiente y detestable.
Sus huesos hinchados, no la dejaron dormir.
Minutos antes, se destapó de las sábanas y se hundió en el piso como un pie en la arena.
Saltó sigilosa, derramó su vista en el reloj y apenas eran las 3 de la mañana.
Un suspiro la aquejó. Se puso un pulover de lana que hacía cinco años le había tejido su mamá.
De pie finalmente, decidió irse de a poco, como el viento.
Tomó su cuaderno de frases y recuerdos, tímida abrió las hojas de mares y tempestades.
Todo lo pasado, vuelto cenizas. "Y al final, nos volvemos humo entre tanta espuma y gente".
La sensación era imposible, el cuerpo permanecía quieto y pálido.
La joven mujer, estaba a punto de respirar por última vez.
Tomó su jugo de naranja con alivio, buscó un revolver en el antiguo cajón del escritorio de su padre, y disparó.
Hacía rato debía estar allí, en la eternidad, sonriendo.