martes, 29 de junio de 2010

Tinta ausente


Hundida. Deseando extirparme este peso de quilates sin razón.
Detestando. Tratándo de escapar del dolor, para no ahogarme.
Los dos minutos después, fueron de terror, como si una lluvia me bañara entera el alma.
Como si aquello fuera el principio de algo sin final.

Las hojas del cuaderno se borraron.
La tinta dejó de escribir historias miserables.
Un suspiro arremete el cuerpo hasta agotarse.
Lluvia distante y lejana de un barrio seco.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

que talentosa sos!!!
saludos
JUAN

Marcos dijo...

buen relato y buena imagen
creo que a veces es mejor decir con pintura que callar
besitos