Ironía de show


Llegué al ascensor, allí estaba su mentira.
A casi un año, simulaba un te quiero, una impresentable manera de decir "tal vez", de su parte. Subimos e intentaba convencerme de su presencia en ese momento. Halagó mi ropa, mi pelo, mi perfume. Llegamos a la puerta y un infarto en los ojos me devolvió la luz. Abrace a mi novio, me senté junto a él y empecé a reír.
Más tarde la rueda de prensa con preguntas que no le importaban ni a él, después la risa boba en la estúpida caja de mi comedor y finalmente la lectura que olvidó en el modular.
Rara vez mi corazón latió tan poco al verlo, por suerte el síndrome de simbiosis terminó.

Comentarios

Lucas ha dicho que…
finalmente se puede...