viernes, 21 de mayo de 2010

El luto sigue de luto


A principios de junio de 2009 hubo una historia que publico por que el día se parecía mucho al de hoy. A casi un año, el luto sigue de luto.


Con el último suspiro arremetí mi alma a la exposición
Entre látigos y penas, pronunciaste la verdad y hubo alivio y desolación
Partimos.
Partiste. Fundamentalmente partiste de mí. Y me alivia.
Y me alegra no haberme equivocado, no haberme jugado por vos completamente, nunca.
El error, el equívoco, hubiera quebrado mi ego al máximo dolor.
Sólo sé que hice lo poco que podía hacer. Lo que estaba a mi alcance y haberte dicho concretamente lo que me pasaba fue un alivio. No me arrepiento de lo que dije, pero sí de haber sido vos quien recibió mis halagos. No merecés de mí.
No merecés un segundo de mí. Y poco a poco, veré como tu estructura que tanto “admiré” y me “deslumbró”, no es más que cartón que al mojarse con el agua, se vuelve inverosímil.
Veremos cómo será la próxima vez que te vea a los ojos, si es que eso se da algún día. Veré que sucede con mi llanto que por ahora está en pausa, “casi” muerto.
Veré que pasa con lo que “siento” porque tu desprecio fue tan grande, que no me imagino riéndome de lo que ayer me hizo reir. Y si lo hago, no olvidemos que son frivolidades.
Jamás volveré a estar atenta de tu salud, a tu vida, a tus problemas.
Nunca más me volverá a conmover tu falta de sensibilidad, tus habilidades íntimas, tu cautela al besarme. Ya no.
No voy a regalarte un solo beso más. No voy a pedirte nunca más ¡dale, encontremonos!.
No voy a ser más parte de tu risa hipócrita, ni me va a interesar más tu cumpleaños, o simplemente nada que me cuentes. O mis favores hacia vos. No me va a importar más tu familia, ni tu barrio, ni tu perro, ni tus amigos. Aunque quizás tus amigos sí, ya que en principio no tienen la culpa de tenerte como amigo.
No voy a pedirte más que estés en el mismo lugar que yo. Ni voy a llamarte si veo que no llegaste. Ni voy a esperarte para irme y alcanzarte. Ni voy a compartir una cerveza, una anécdota, una noche. Porque como dije antes, tu desprecio fue tal que quemaste mi ego para siempre y por suerte.
Que te vayas me alivia. No me olvido.
Y no soy rencorosa, voy a poder saludarte en la mejilla. Pero nada va a permitir que me vuelva a humillar ante vos. Ni un beso, ni un abrazo, ni un te quiero más.
Hay un bache inmenso en el medio de mi ego y de mi corazón.
Supiste utilizarme. Supiste bastarte de mí cuando te era útil. Pobre la mujer que está con vos, y las que estén…no sabrán jamás que las usaste? O tendrán mejor suerte que yo y se darán cuenta antes de estar demasiado ahuecadas por tu “truco”?. Tampoco es problema mío ese.
En fin, redondeando. Gracias por tu fatal sinceridad, por no importarte si quiera si me angustio saber la verdad, o si me afectó en algo. Gracias por que nunca me quisiste. Gracias por evadirme, por rechazarme sin diplomacia, por burlarte una vez más de mi “sin intenciones” y por preservar la amistad ante todo, como dijiste ya dos veces. Ah! Y gracias, muchas gracias por tu tiempo… esas fueron mis últimas palabras hacia vos.
El mío, por suerte, está en buen camino. Un peso menos te diré. Así te llamarás por siempre. Un puto peso menos que se perdió para siempre.
Un solo momento de risa, por 500 de agonía. Gracias.
Felicidades hipócrita, haz llegado a dolerme en la memoria, una vez más.

GRACIAS POR OLVIDAR, LO QUE NUNCA TE DÍ

2 comentarios:

Anónimo dijo...

no se como pedirte perdon recien ahora entiendo todo lo mal q te cause
leyendo este post
m...

Milengua dijo...

Muy bueno lo que escribiste... yo siento exactamente lo mismo por una persona, EXACTAMENTE lo mismo.

Saludos.