lunes, 10 de mayo de 2010

Edificio


Desde mi balcón veo los edificios como extrañas cosas, como si no hubiera visto nunca aquellas estructuras de cemento.
Pasé mi infancia en este departamento, contagiada de la alegría que mis tías me brindaban.
Hoy, es el refugio de aquellas emociones que se manifestaban mientras aprendía a tocar el piano.
Esta casa que siempre fue templo me mira con ojos de abrigo y me protege de los viejos fantasmas que ya no me asechan más.
La música parpadea a lo lejos, se escucha la campaña de la iglesia. Más allá el crujir de las hojas que el otoño está dejando caer y yo, quieta, sonriendo entre mis sábanas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

a veces volvemos a ver como cercano aquello que parecia tan lejos
Ernesto