sábado, 27 de marzo de 2010

Una sombra más


El silencio acomodaba el fuerte temperamento de Lucía.
Tras la huida al país lejano de su encierro mental en la costa, y conmovida por el reciente pasado que quería dejar atrás, decidió escaparse. Por fin encontró el camino que aliviaba las lágrimas, una de las tantas lágrimas que la encontraba sola, sin poder depositar en nadie toda la furia que la sumergía.
Despojada de sus ganas, se fue lejos a buscar aquello que se busca cuando huimos.
La soledad armó su parte. El viaje estaba detenido. Una sombra más, dos besos menos y Lucía partía con arrepentimiento, ya.
El estanque que vio al pasar la concentró en pensarse como una pierda, sola, sin nadie, en el medio de un océano de fuego.

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