lunes, 14 de diciembre de 2009

Seda y bermellón



Ni una máscara más. Ni una señal más de desacierto.
El primer momento de nuestro encuentro, la fase superadora de la pasión.
Luego vino el destello de reconocernos en el otro, de sentirnos capaces de transmitirnos miradas, pensamientos, imagenes. Como la telepatía, parecía que estábamos conectados hasta en la lujuria.
De un momento a otro, empezamos a sentirnos vivos y enteros.
A sintetizar en el otro necesidades y sensaciones placenteras. El cuerpo comenzaba a demandar, la piel se estremecía para el contacto supremo. Los besos, imaginados, deseados se volvían cielo entre el choque la lengua y los labios.
Un parpadeo súbito, mortal entre las mejillas del cuerpo, hacían enloquecer el más crudo néctar de los dos.
No sólo la piel juega este momento. El corazón no para de pulsar, de latir hasta llenarse de un rojo bermellón intenso, el corazón, sanando heridas con sal para apurar la cicatrización. El corazón del futuro, entre terciopelos y sábanas de seda, revolcándose sucio entre su felicidad. Y allí permanecerá, en el cielo que tanto quiso ver.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy erótico el texto, Angie. Me gustó mucho.
Saludos
Carlos

Anónimo dijo...

coincido, muy erotico el relato.
beso, D.

Anónimo dijo...

Bonjour

It is my first time here. I just wanted to say hi!