miércoles, 25 de noviembre de 2009

Relojes en la vereda


Hasta vuelvo sin pensarlo a recorrerte en silencio.
Como una excusa más de esta distancia. Como un velo que nunca termina de caer entre mis ojos.
Tan presente como esa madrugada.
Sólo vos y nosotros podemos entender lo que no fuimos y acercarnos con un gesto al pasar, como ignorando lo que alguna noche nos prometimos.
Sé que el tiempo sabrá cerrar la herida que hace años plantaste, también sé que mis ojos no esperan más de vos que un mínimo gesto insignificante.
Ya dirán los relojes que la piel nunca muere pero sí el corazón equivocado que en la vereda termina por patear las botellas rotas de un amor que nunca pudo ser.
Sonrío, termino mi copa y sigo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Falta el nombre no mas...algunas cosas terminan y es mejor que terminen. Besos, lu!