lunes, 2 de noviembre de 2009

Desterrando la nave

La ruta esta cerrada.
Los pies inquietos en el pasillo de los dos únicos viajantes, iban deambulando por todos lados.
El camino se volvía enigmático.
El pasajero preguntó hacia dónde debíamos partir, sin saber que hacía siglos al menos, o años, quizás, estábamos viajando.
Una de las compuertas se trabó. La nave estaba destruida. El destino estaba marcado.
Entre el silencio y la desesperación, la pasajera se acercó a su compañero de viaje.
Propuso una despedida, parecía el final.
Tímidos entre los miedos, callados.
Sostuvieron sus manos y prepararon un último beso.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es interesante descubrir en medio del relato que ya estaban viajando. Sacando esa frase de contexto, el panorama sería otro.
Inquietante el texto.
Gracias. Beso
Mauro

Anónimo dijo...

Que la nave siga su rumbo, con uno o dos pasajeros. Pero que siga.
Beso, Lu