martes, 25 de agosto de 2009

Apetito


Una suave textura los sorprendía con cada beso. Se deseaban sin importar el lugar y las personas que los rodearan. Se ansiaban tanto que corrían perfumes de jazmines tras las miradas. La delicia permanente de mirarse se contenía ante las caricias que calmaban la piel.

Ardía, gemía por dentro. Sus cuerpos se estremecían con cada aliento, con cada sudor derramado por el súbito deseo. La llama ardía y el apetito de su figura comenzaba a girar nuevamente entre sus manos.

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