viernes, 28 de agosto de 2009

Anatomía furtiva

La rotación de la cadera buscando el punto exacto del movimiento. La extensión de las rodillas abrazando las piernas del hombre. La espalda se arquea, se dibuja como una línea sin tiempo, adecuándose al enigma del placer. Los hombros y los brazos abarcan la espalda masculina hasta aferrarse infinitamente. Los pies pincelan la sábana, con movimientos en todas las direcciones. El torso sube, como si una corriente eléctrica lo empujara, hasta desmayarse nuevamente en el sexo del hombre, que poco a poco anticipa clemencia en sus gemidos.
Tras la rapidez, las manos se aflojan vencidas, el aire ingresa como bocanadas de alivio. Se oxigena el vientre, los pies se cierran. La última exaltación detona en la boca.
Un abrazo furtivo acaricia sus almas. Se prenden un cigarrillo. Juntos ahora se ríen de la vida.

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